Decrecer, el verbo de conjugación obligatoria


Leer el “Pequeño tratado de decrecimiento sereno” y simultanearlo con noticias de actualidad, especialmente si se trata de la sección de política nacional, es un ejercicio no apto para gente con problemas de vértigo. Cuando estamos situados, y me refiero a la humanidad, en una zona de alto riesgo a la que hemos llegado cegados por la idea de que el crecimiento económico era la panacea de todos los males de la sociedad, hablar de crecer y de crear empleo utilizando los mismos argumentos que nos “ayudaron” a meternos en el fango actual, es algo difícil de asimilar. Mientras sube el desempleo, los alimentos y la energía, aún estamos rodeados de anuncios publicitarios que nos incitan a comprar los últimos modelos de automóviles (¡algunos modelos ahora son ecológicos!. Cuando la agricultura industrial ha dado sobradas muestras de incapacidad para resolver los problemas del hambre y se está convirtiendo en un activo financiero para los grandes grupos de inversión mundiales, se subvencionan aquellas explotaciones agrícolas en función de su tamaño o de cosechas históricas (ver las condiciones de la última PAC). Los pequeños agricultores europeos se ahogan entre los gastos de la actividad y las extorsiones por parte de los mercaderes al servicio de las grandes cadenas de distribución de alimentos, quienes les imponen unos precios literalmente insultantes . Cuando es de sobra conocido el declive del combustible más importante y clave del crecimiento económico desde la revolución industrial , se recorta la inversión en energías renovables y el carbón vive un delirante renacimiento. Cuando las ciudades españolas son la que “gozan” de un aire de peor calidad, suben los transportes públicos y los carriles para bicicletas brillan por su ausencia.

En las últimas elecciones no se ha hablado ni una palabra acerca de los problemas más importantes a los que nos enfrentamos como seres humanos. Los partidos políticos siguen anclados en un discurso demostradamente fracasado. Últimas noticias hacen referencia a la posibilidad de construir en zonas protegidas con la excusa de la creación de empleo sin importar el impacto socio ecológico de tales barbaridades. En fin, tal y como dice en su pequeño tratado su autor Serge Latouche, “en el decrecimiento no se habla de gente de derechas o de izquierdas, se trata de personas conscientes de los problemas que vivimos y de depredadores”.

El decrecimiento no significa crecer negativamente, sino hacerlo de forma coherente y conociendo los límites que nos impone la naturaleza, decrecer no es volver a las cavernas, pero si es volver al tendero de la esquina, al cine de barrio y los mercados callejeros, decrecer no es hacer fuego con piedras y alumbrarse con velas, pero sí es llevar a los niños al colegio del barrio andando o en bicicleta en lugar de llevarlos en gigantescos 4×4 inundando el camino de humos varios. Decrecer es saber que por cada puesto de trabajo precario que se crea en los grandes centros comerciales de las afueras se pierden cinco en los comercios de proximidad.

Si el ciudadano olvida que otro mundo es posible, la política desaparece y sólo queda la simple gestión administrativa de los hombres y las cosas.

Si la tierra debe perder la mayor parte de su belleza debido a los daños provocados por un crecimiento ilimitado de la riqueza y de la población, entonces, deseo sinceramente por el bien de la posteridad, que nos contentemos con quedarnos donde estamos con las actuales condiciones antes de que nos veamos obligados a hacerlo por obligación“, John Stuart Mill

El crecimiento, la sociedad preparada para el crecer por encima de todo, está demostrado que es nociva para el medio ambiente y pone en serio riesgo el futuro de los más jóvenes. Hoy en día, el 80% de los bienes de consumo que existen en el mercado sólo se utilizan una vez antes de acabar en la basura. Esta lógica del derroche sólo puede llevar a el agotamiento de los recursos naturales y la contaminación del aire, la tierra y el agua. ¿De qué valdrá el empleo creado si vamos a llegar a un momento en que no habrá clientes para los nuevos productos?

El decrecimiento es una utopía concreta y necesaria que, para implantarse, necesitaría que la sociedad estuviera preparada para ello, no se puede pretender implantar una lógica de decrecimiento en una sociedad como la actual, programada para crecer por encima de todo. No se pueden resolver los problemas que nos acechan actualmente si seguimos confiando en unos tecnócratas al servicio de la productividad y el crecimiento que, además, dependen de un electorado local bombardeado por una de las industrias más dañinas que existen: la publicidad. No cabe otra solución que la que proceda de local, de lo pequeño con alma, de una forma de vida opuesta a la actual, de una forma de consumo diferente, en fin, para seguir avanzando en este planeta sólo queda decrecer y vivir más plenamente.

Pequeño tratado de decrecimiento sereno

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