Ni dogmáticos ni iluminados: somos lo que comemos


Como cada domingo, me enfrasco en la lectura de periódicos y revistas atrasadas y doy con el artículo “Rumiantes y paquidermos”, en el que Elvira Lindo habla sobre la pobreza en EEUU y sus efectos sobre la salud de los ciudadanos más desfavorecidos. La escritora nos narra cómo estos han descuidado su nutrición y contrasta sus hábitos alimenticios con los de una clase media cada vez más obsesionada por la salud que, “habiendo desistido de una idea abstracta de cambiar el mundo, se ha entregado, como si fuera un dogma de fe, al cuidado de su propio cuerpo”.

Creo que estas afirmaciones son muy desafortunadas y no hacen más que alimentar el viejo tópico de que la ecología y la sostenibilidad son cosa de iluminados. Efectivamente, existe un sector de la población que está cambiando su dieta y buscando alternativas a los productos que les ofrece la industria convencional, sin duda con la idea de mejorar su salud, pero también tratando de guardar una mayor coherencia con sus valores. Elvira Lindo afirma que esta tendencia a cuidar extremadamente la alimentación es una especie de nueva religión adoptada a ciegas, y yo quiero argumentar lo contrario: la alimentación es, en estos momentos, una de las herramientas de rebeldía más eficaces con que cuenta el ser humano para luchar contra una industria devoradora de personas y tierras. Lograr cambiar los hábitos de consumo alimenticios, teniendo en cuenta las apabullantes campañas publicitarias a que se nos somete a diario, debe ser forzosamente el fruto de una profunda reflexión alejada de todo dogma.

ni dogmáticos ni iluminados Existen varias tendencias que nos muestran que la gente sí está concienciada, y mucho, y que quiere cambiar el mundo a través de sus elecciones de consumo. Ya que las grandes empresas son las que dirigen el cotarro, ya que se empeñan en hacernos creer sus verdades a través de la publicidad omnipresente y en vista de que lo único que quieren de nosotros es nuestro dinero, el mayor acto de resistencia que podemos ofrecer es empezar a informarnos y a decidir por nosotros mismos qué comemos, de dónde provienen los alimentos que adquirimos y qué queremos cambiar del sistema en general. “De la piel p’a dentro mando yo”, que decía Ajo.

Así, a raíz del uso masivo de las nuevas tecnologías y la utilización generalizada de las redes sociales hemos podido desvelar las crueles prácticas con los animales en la ganadería industrial, lo que ha llevado a miles de personas en el mundo entero a adoptar una alimentación vegana y a rechazar todo producto proveniente del sufrimiento animal. Si, además, resulta que la carne, los huevos y los lácteos se demuestran perjudiciales para la salud, el consumidor gana por partida doble. Del mismo modo, el conocimiento sobre las prácticas de la agricultura industrial, su relación con la contaminación de las aguas mediante sustancias tóxicas y su acaparamiento de tierras en países donde el hambre es aún moneda común es, entre otras razones, motivo más que suficiente para pasarse a una alimentación alternativa.

Efectivamente, consumir ecológico es más saludable, porque significa evitar introducir en tu cuerpo pesticidas, conservantes, colorantes, en fin, una serie de sustancias químicas que vaya usted a saber qué efectos provocan cuando se juntan en el organismo. Pero también implica dejar de apoyar a las empresas que comercializan los productos provenientes de una agricultura y una industria alimentaria concebidas para ampliar día a día los márgenes económicos de unos pocos en detrimento del resto de los eslabones de la cadena de producción.

La alimentación está pues viviendo toda una revolución y la toma de consciencia del consumidor y su capacidad de decisión con respecto a lo que se lleva a la boca es la forma más patente de rebelarse contra un sistema que hace ya tiempo situó el bienestar del hombre y del planeta al margen de la economía.

Sí que es cierto que la industria de la alimentación está sabiendo aprovechar el tirón de la creciente preocupación del individuo por su salud y que continúa prometiendo toda clase de beneficios a quien compre sus productos. Al igual que hace una década los productos “light” tuvieron un enorme éxito, ahora les toca a los productos naturales y ecológicos pasar a engrosar sus beneficios. Pero la información debe seguir fluyendo, los consumidores tienen que continuar tomando consciencia y teniendo en cuenta que un producto ecológico, cuando es importado del otro lado del planeta, deja de ser sostenible; que la venta directa es la solución a la explotación que sufren los pequeños agricultores y ganaderos por parte de los intermediarios; que los alimentos comercializados por grandes marcas ocultan a menudo ingredientes transgénicos; que los alimentos distribuidos por grandes comercializadoras están sometidos a una creciente especulación; y multitud de datos sobre los cuales, lamentablemente, no se nos informa en los medios convencionales. No existe una sola respuesta sobre qué alimentos son mejores para nuestra salud y para la del planeta, pero el simple hecho de buscar una alternativa a lo que se nos presenta como la opción “más normal” es un gesto de rebeldía imprescindible en todos los aspectos de la vida cuando se quieren mejorar las cosas.

Y esa debería ser la labor de las personas que, como la escritora, generan opinión en un medio público: informar de forma seria y coherente con la realidad que vivimos, sin frivolizar sobre asuntos de tanto peso como el negocio de la alimentación. Desde aquí un ruego: por favor, no contribuyan con sus palabras a engordar la confusión y el oscurantismo del que siempre se han nutrido las grandes empresas. La gente sí quiere cambiar el mundo y sus decisiones cotidianas, el euro que ponen aquí y allá, son las pequeñas acciones concretas que lo demuestran.

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3 pensamientos en “Ni dogmáticos ni iluminados: somos lo que comemos

  1. Estoy muy de acuerdo en muchas cosas de las que comentas. Pero desde mi humilde opinión, hay factores como las grandes corporaciones que están detrás de la producción de semillas, que deberían ser también un punto clave para reflexionar!

    Muy buen post. Felicidades

  2. Magnífico artículo! has dado con todas las claves de la relación entre el consumo y el sistema actual. Una de las más clarificadoras es el empobrecimiento de los pequeños productores a raíz de este sistema agroalimentario injusto que presiona los precios de los productores a la baja, mientras incrementa los márgenes de los intermediarios sin ningún escrúpulo y el envenena todos los ecosistemas (sí, aunque no lo creamos los humanos también formamos parte de los ecosistemas…). Gracias por tu coherencia y compromiso para ir creando conciencia poco a poco…saludos!

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