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Archivo para la Categoría "Divagaciones"

No somos nada

28 diciembre, 2011 2 comentarios

El otro día leía en la prensa que el 25% de los mamíferos se encuentra en peligro de extinción. Me echo las manos a la cabeza. Estamos hablando de que uno de cada cuatro seres que, como nosotros, llevan a sus hijos en el vientre (a excepción del raro ornitorrinco, si mal no recuerdo) y después los cuidan y los amamantan para verlos crecer, corre el riesgo de desaparecer para siempre de la faz de la Tierra. Sin embargo, a juzgar por el papel que desarrolla la protección del medioambiente en nuestra vida cotidiana, no parece que el hombre se esté dando cuenta de las implicaciones que estas cifras pueden tener sobre su propia existencia. De hecho, cada vez estoy más convencida de que el ser humano se ha olvidado definitivamente de que él también forma parte de la naturaleza. Tras varios intentos de hacer de esta trascendente cuestión un tema de conversación con quienes me rodean, decido tirar la toalla y escuchar en silencio las opiniones sobre la última ruptura de una pareja de famosos o la nueva fragancia de una marca de moda.

Así, una vez más, mi absoluta ignorancia en materia de psicología me ha llevado a desesperarme ante el enorme vacío que encuentro entre mis congéneres y yo. Como en tantas otras ocasiones, me siento como si me hubiera llevado las manos a la boca para gritar con todas mis fuerzas “¿pero es que no os dais cuenta?” y la única respuesta fuera el eco de mi propia voz canturreando desde el otro lado del acantilado “…cuenta, cuenta, cuenta?”. Y es que la lógica de la ética ecologista me resulta tan aplastante que me cuesta asumir que yo soy la rara.

Intento resolver esta nueva crisis de identidad en la intimidad de la mesa de la cocina.

“Recuerda que formamos parte de la minoría absoluta”, me dice mi marido con pasmosa tranquilidad.
“Ecología:”, insisto marcando con el dedo la definición que he encontrado en el diccionario, “defensa y protección de la naturaleza y del medioambiente; Ecologista: persona que es partidaria de la defensa ecológica”. Entonces, si el hombre forma parte de la naturaleza, ¿no resulta ridículo que sean solamente unos pocos quienes están preocupados por la destrucción de nuestro planeta? ¿No deberíamos ser todos quienes estuviéramos luchando y protegiendo con uñas y dientes el lugar donde vivimos y que nos da de comer? ¿Dónde me he perdido?

Y así continúo mi rara existencia, aplicando con empeño los pequeños gestos que me he esforzado en adoptar sabiendo que no son más que una gota en el desierto. Y, otra vez, ante la fuente del agua, rechazo con una sonrisa el vaso de plástico que me ofrece amablemente un compañero: “Ecologista”, digo casi encogiéndome de hombros y esgrimiendo mi botella recargable de cristal. Él me devuelve la sonrisa casi con condescendencia y yo siento ganas de emular a mi muy admirado Iván Ferreiro y añadir “ecologista de mierda”. “Algo hay que ser en la vida”, afirmo en cambio y él sólo me responde “sí, algo hay que ser”. Así es. Algún partido hay que tomar, me digo mirando con tristeza la papelera llena de vasos de plástico de un solo uso. Qué pequeños somos y qué poco cuentan nuestras acciones.

Pues bien, en esta tarde de depresión postelectoral, enciendo la radio para sentirme acompañada más que para consolarme y los medios nos informan sobre el autocomplaciente reparto de carteras entre quienes raramente las merecen. Y ahora me toca a mí consolar a mi marido, que no quiere contener su irritación y desasosiego ante lo que se nos viene encima.

“Yo me exilio”, me dice enfurecido.
“Recuerda que eso ya lo hicimos”, le intento apaciguar “sólo para volver más cansados y más viejos”. Más cansados, más viejos y más cínicos. Y es que, algunas veces, nos gustaría poder apretar un botón para cambiar el mundo. No nos damos cuenta de que, en nuestra pequeñez, solamente podemos luchar para intentar mantener una discreta coherencia entre nuestra ética y nuestro estilo de vida.

La catástrofe puede esperar, aún se debe ganar mucho dinero

24 octubre, 2011 Deja un comentario

Los medios de comunicación no paran de hablar de la recesión económica, del abismo que estamos bordeando, del peligro que puede entrañar la desaparición del euro. Es este un verdadero acoso a la moral del ciudadano, es una herramienta de la estrategia dirigida a acorralar a aquellos más débiles en un círculo de miedo y pánico. Sin embargo, y aunque parezca paradójico, una encuesta llevada a cabo en junio de 2011 por encargo de la Comisión Europea y, más concretamente, de la Dirección General Acción por el Medioambiente, revela que los ciudadanos europeos están mucho más preocupados por la degradación medioambiental y por la crisis ecológica que vivimos que por las sucesivas caídas de las bolsas europeas e internacionales o la recalificación de la deuda de los países. Según los datos, más de dos europeos de cada tres estiman que el cambio climático constituye un problema muy grave y casi el 80% cree que tomar medidas para luchar contra él sería beneficioso para la economía y el empleo. El cambio climático es considerado por los ciudadanos europeos el segundo problema más grave tras la pobreza, el hambre y la falta de agua potable (considerados como un único problema). Más de la mitad de los ciudadanos europeos afirman haber realizado gestos para combatir el cambio climático en los últimos años. Por lo tanto, el acoso intensivo de los medios y responsables políticos no está teniendo, de momento, el efecto que seguramente buscan quienes lo potencian. El poder económico desearía que las encuestas situaran a la crisis económica y al empleo en primer lugar en el ranking de preocupaciones de los ciudadanos. Y eso no es así debido a que el ciudadano está cada vez mejor informado; los medios tradicionales, casi todos en manos del gran capital, pierden poco a poco su credibilidad y sus usuarios son cada vez menos, además de más fanáticos. En el panorama español existen numerosos ejemplos de lo que estoy contando.

En política pasa prácticamente lo mismo: aquellos que desde siempre votan una ideología determinada no ejercitan la reflexión ni valoran la información a la hora de dar su confianza al partido de toda la vida. El voto se convierte en una cuestión de fe más que de ideales o de razonamiento. Es por ello que se necesitan nuevas ideas y nuevos planteamientos políticos que limpien y aireen el actual panorama. Veremos lo que ocurre el 20N.

La crisis energética

Pocos medios hablan sobre uno de los verdaderos problemas a los que se enfrenta la humanidad: la crisis energética y las escasas soluciones que existen a día de hoy. Toda la maquinaria industrial y prácticamente todas las actividades económicas giran en torno al petróleo. El precio del barril es el verdadero quebradero de cabeza de las grandes compañías y de los países. Sin embargo, el tema pasa desapercibido y, cuando se trata, se hace de forma poco rigurosa y siempre tratando de desdramatizar. Para averiguar el verdadero estado de la situación actual de las reservas hay que observar con ojos muy críticos los movimientos de las compañías e incluso de los gobiernos de los países industrializados. En este orden de cosas, el asunto de los agrocombustibles nos da una pista definitiva para intuir la verdadera situación.

El poder político es hoy en día el portavoz o intermediario del poder económico y el crecimiento su mayor obsesión. Tomemos por ejemplo la nueva política adoptada por el gobierno británico, que pretende reactivar el crecimiento económico aumentando el límite de velocidad permitida en las autopistas. Los gobiernos entienden que su deber es mantener el nivel de vida con sus índices de consumo entre la población. Este planteamiento es hoy en día una verdadera locura y existen ya muchos estudios que explican detalladamente que, de continuar con el actual ritmo de crecimiento y producción en el mundo, harían falta varios planetas para soportarlo. Por lo tanto, ¿a qué viene tanta obsesión por recuperar los índices de crecimiento?

Los agrocombustibles son una de las últimas armas para mantener dichos niveles de crecimiento, ya que son vistos como sucesores de un petróleo cada vez más caro y escaso. Pero los agrocombustibles suponen un tremendo impacto sobre la alimentación (las tierras ya no producen alimentos) y el medioambiente (deforestación). Dado el actual ritmo de crecimiento demográfico, dedicar tierras de cultivo (en Estados Unidos, el 40% del maíz se destina a la producción de agrocombustibles; en Europa, los agrocombustibles representan ya el 4% del total de combustibles) a producir agrocombustibles es una enorme irresponsabilidad que incluso podría catalogarse como delito. La hipocresía de los políticos europeos es tal que los agrocombustibles son presentados como un arma estratégica de lucha contra el cambio climático, cuando todo el mundo sabe que lo agravan. En resumen, los políticos no ven los agrocombustibles como la salvación medioambiental del planeta, sino como un puro y ventajoso negocio que, hasta que ellos mismos lo denuncien, aportará grandes cantidades de dinero a quienes lo gestionan. Esta práctica ya la hemos visto en otros sectores, por lo que no nos debería extrañar cuando suceda.

Mientras el bosque indonesio muere y ve cómo se llena de palmeras que aportarán el tan preciado aceite vegetal, mientras el hambre mata a millones de seres humanos, la agencia europea del medioambiente hace balance de las emisiones y se vanagloria de haber registrado un descenso de un 10,7 % respecto a 1990. Dicho descenso, afirma, se debe a la transición del carbón al gas natural y al fuerte crecimiento de las energías renovables, crecimiento en el que los agrocombustibles juegan cada vez más un papel principal.

Eurobarómetro

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Contra la mentira de la crisis: solidaridad e ilusión

20 septiembre, 2011 2 comentarios

Si uno conecta la radio a la hora de las noticias, si lee varios periódicos en papel o digitales, va a encontrarse, con toda seguridad, con la palabra crisis. Llevamos unos años escuchando la misma palabra, todos los tertulianos o los articulistas hacen referencia al mismo tema. Pero, ¿sabemos de verdad lo que está ocurriendo? Y si es cierto que estamos atravesando una crisis, ¿qué tipo de crisis es esta? ¿ A quién le afecta más y cómo? ¿Qué podemos hacer ante este grave problema? Si hay dinero para ciertas cosas o eventos que no son ni mucho menos imprescindibles ni de interés general, ¿por qué no se destinan esos fondos a asuntos más urgentes como los sociales? Si de verdad estamos tan mal, ¿cómo es posible que muchos sectores sigan enriqueciéndose y aumentando sus beneficios? ¿Cómo es posible que el Estado, en plena crisis económica,  destine miles de millones de euros para la compra de helicópteros de guerra? En fin, un ciudadano que quiera reflexionar sobre la actualidad se dará de bruces con muchas incongruencias que delatan a quienes no cesan de alarmar a la población con mensajes catastrofistas. Los políticos parecen profesionales a sueldo de las grandes corporaciones, alejados para siempre del electorado y sus problemas, se han convertido en mercenarios cuyo único objetivo parece ser el de asegurarse un puesto en cualquier sector.

En todas las sociedades del mundo se distingue un problema común: la gran masa ciudadana carece de una idea básica y común que les permita conservar su libertad personal mientras viven de forma cívica y sostenible. A través de los medios de comunicación se moldea la masa social con relativa facilidad, se crea una opinión masiva que juega a favor de quienes ostentan el poder. No es posible que el ciudadano de a pie no se plantee ciertas cuestiones relativas a temas tan cercanos como la alimentación, la sanidad, la economía local etc etc. Esta carencia de información está provocada y es la verdadera arma afilada del poder. Arma que amenaza día a día al ciudadano, y que acaba por acorralarlo vencido por el miedo.

Ahora, en la situación en la que nos encontramos, sólo nos queda una opción: reaccionar. No podemos dejarnos vencer por los pésimos augurios que expande el poder económico a través de sus empleados los políticos, el ciudadano ha de elevar la voz, mostrar su descontento y ponerse a trabajar en la creación de comunidades solidarias que palien los desordenes creados por esta doctrina del miedo. Mucha gente está pagando ahora la falta de reflexión que les empujó a “desordenar” su vida cuando tenían un sueldo que creyeron eterno, cuando éramos una “potencia económica mundial”. No es momento de recordar esos errores, no queda más remedio que aprender de ellos y reaccionar para subsanar los males que engendraron. Crear unas comunidades paralelas en las que se compartan los bienes y alimentos, los conocimientos y la amistad. El ser humano necesita esa afección para sentirse fuerte, es muy importante que la gente desahuciada o excluida de la sociedad no se sienta sola. Todos somos importantes, ahora más que nunca.

El camino que va a seguir el mundo se adivina con facilidad. Una vez el gran capital se haga con el control de los servicios públicos y pueda cobrar por ellos como hacen en sus negocios privados, el mercado laboral comenzará a funcionar de nuevo (claro, siempre con un “aconsejable”  porcentaje de parados para “conservar” el miedo general a perder el puesto de trabajo). Nos quieren como clientes, siervos de un aparheid internacional. Quieren controlarlo todo, desde nuestros menús hasta nuestra digestión. No estamos viviendo una crisis, no somos culpables de casi nada (de lo único que sí somos culpables es de haberles seguido el juego en su día) de lo que se nos acusa. Es pura estrategia política para cercarnos más aún, para dominarnos completamente. Todos estos planes de ajuste presupuestario no son más que excusas para introducir las empresas privadas en el domínio público, para acaparar lo que en teoría fue creado para uso del pueblo con el dinero proveniente de la fuerza laboral del pueblo.

Una vez la gran masa se paralice por el miedo, ellos habrán vencido, entonces tendrán vía libre para implantar su sistema basado en la rentabilidad de todo y absolutamente todo.

Ante este escenario sólo vale la unión, si nos quieren convertir en sus clientes nos negaremos a comprar sus productos (hay que producir alimentos locales para consumo local, hay que fomentar el trueque de todo tipo de bienes y servicios), el ciudadano concienciado debe unirse para hacer frente a esta estafa global, a un mundo creado para que unos pocos vivan a costa de todos los demás. El mundo que aparecerá cuando los medios de comunicación dejen de hablar de crisis será un mundo manco, cojo, enfermo, un mundo incompleto al borde del caos climático y ecológico. El mundo que quieren construir tendrá varias categorías delimitadas por la capacidad económica de sus habitantes, un mundo de reyes y siervos.

Es necesario invertir la tendencia, demostrarles que se equivocan con su estrategia, es hora de recordárselo y darles la espalda. Basta con vivir una vida de bajo impacto rica en sensaciones, limpiar el aire, el agua y los alimentos de veneno, basta con apostar por una vida más lógica sin la necesidad de consumir para demostrar ser alguien,  sin que nadie sea más que nadie y todos seamos necesarios en la misma proporción.

No es una utopía, es una necesaria ilusión.

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¿Hacia dónde caminaremos?

5 julio, 2011 2 comentarios

En la vieja Europa, en todas las naciones que conforman la Unión, se está instalando un sentimiento de pesimismo y malestar entre la mayoría de los ciudadanos. Hablar de futuro con gente de Portugal, Francia, Bélgica o Alemania, equivale a escuchar historias más bien escépticas, grises y pesimistas . En estos momentos, casi todos los países están gobernados por partidos políticos de parecida ideología. La derecha, aupada por una crisis financiero económica ecológica y de espíritu, se ha hecho con el poder y prepara nuevos planes para ajustar los déficit públicos de sus respectivos países. Si se leen o escuchan atentamente las declaraciones de muchos de esos líderes, es difícil no sentir un desasosiego interior e incluso miedo. La crisis se palpa entre la población, sobre todo en las zonas en las que viven mayoría de trabajadores, en los barrios más pobres y en los que más ayudas públicas se deberían destinar. Las anteriores recesiones económicas se aliviaron a base de impulsar la economía inyectando dinero y fomentando la inversión pública para crear empleo, sin embargo, las nuevas recetas neoliberales de la mayoría de gobiernos van en un sentido completamente opuesto. Si pretenden salir de la recesión ajustando al máximo el gasto público y recortando sueldos, la incertidumbre se irá adueñando de la población. El resultado de esta fórmula hipócrita e insensible no se hará esperar, la segunda mitad de 2011 puede ser muy caliente.

Estamos asistiendo a una verdadera caída de un sistema que ya sólo acierta a balbucear. Las contradicciones de la mayoría de gobiernos a la hora de aplicar o dejar de aplicar ciertas leyes o medidas muestran con suma claridad la agonía de las ideas y la total sumisión de los representantes políticos al poder económico. Es, sin duda, la hora del ciudadano. El pueblo debe comenzar a cambiar su mentalidad barrio a barrio, la seguridad alimentaria y la subsistencia debe ir procurándosela él mismo, no se puede esperar nada de un sistema al que casi no le queda pulso. Pero la muerte de un sistema no significará que el ciudadano, liberado y concienciado, encontrará vía libre para desarrollar sus proyectos e instaurar un nuevo sistema más justo y eficaz. La muerte del capitalismo puede dar paso a una época peligrosa dominada ya sin máscaras por la mafia. El escenario puede ser desolador. En esa nueva transición, el ciudadano debe armarse de inteligencia, la unión será más importante que nunca.

Hay un sistema que se derrumba, entre sus escombros, los más poderosos ya están tomando posiciones. Por otra parte el pueblo va lentamente entendiendo lo que ocurre cada vez con mayor convencimiento y claridad. El choque frontal está cada vez más cerca. Sólo falta ver el efecto y la magnitud del accidente para adivinar hacia donde caminamos.

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