Archivo

Archivo para la Categoría "sostenibilidad"

El Ecoblanqueo, una mentira que daña de verdad

Los científicos llevan más de 50 años alertanto sobre la necesidad de cambiar nuestro modo de vida en el planeta si queremos conservarlo y no sufrir catástrofes humanitarias de extrema gravedad. Sin embargo los políticos del mundo entero parecen no enterarse de nada o simplemente miran hacia otro lado (¿crecimiento?). En 2010 la concentración de CO2 en la atmósfera alcanzó el nivel más alto de la historia. Ahora ya comenzamos, en los países desarrollados, a percibir días de extremo calor mezclados con lluvias torrenciales y persistentes sequías. En todo el mundo sube el nivel de los mares y en los polos el deshielo sigue su camino sin que nadie lo detenga. Sin embargo, nadie hace nada, nadie en el ámbito gubernamental. Los ejércitos ya hace tiempo que advirtieron que el cambio climático era un hecho que acarrearía guerras debido a la imposibilidad de algunos países de acceder a recursos naturales y a su defensa por aquellos que aún los poseen. Claro, todo ello no parece suficiente para tomarse de una vez por todas en serio el asunto, y ¡menudo asunto! Y es que la ecología, los modos de vida de bajo impacto, la agricultura ecológica, las energías renovables y la sostenibilidad no pueden ser gestionados como si fueran nuevas tendencias ni modas .

Y es así, como si fuera una tendencia, como muchas empresas comienzan preocupantemente a tratar asuntos como la sostenibilidad o la lucha contra el cambio climático. Apelar a lo sostenible, ecológico o natural de un producto hace que éste se venda más. Existen ya muchas denuncias de casos de ecoblaqueo que, en su mayoría, afectan a empresas reconocidas como muy poco verdes y éticas. El consumidor debe buscar información y no dejarse llevar por anuncios por muy evoacadores que parezcan. Una empresa no puede alardear de haber reducido su consumo de agua mientras explota a niños y mujeres del tercer mundo o vender un producto como natural cuando contiene químicos que perjudican la salud y el medioambiente. Como mínimo, deberían resarcir a quienes perjudicaron con sus métodos antes de acabar definitivamente con ellos. Por otro lado, la empresa que desee cambiar de verdad, debería ser completamente transparente y hacer pública la información concerniente a su nuevo compromiso.

Desgraciadamente la presencia de Lobbys en los centros de decisión política es habitual y su influencia en muchos casos fundamental para que muchas empresas puedan seguir comercializando productos y servicios muy alejados de la publicidad que se les da. Contra este ecoblanqueo el consumidor necesita el arma de la información. Es necesario recurrir a plataformas de internet que vigilan estas prácticas deshonestas y desenmascaran al defraudador. El “greenwashing” o ecoblanqueo es cada vez más utilizado como herramienta de márketing por muchas marcas de numerosos sectores.

La publicidad es una industria pesada que trabaja incansablemente para influenciar las decisiones del consumidor. Los analistas de tendencias saben que términos como sostenibilidad, ecológico y natural o verde tienen cada vez mayor tirón comercial y los utilizan fraudulentamente para vender los productos de quienes les pagan.

El modo de vida capitalista nos ha conducido a un túnel difícil de atravesar, ahora no deberíamos permitir que vuelva a apagar la débil luz que nos ilusiona y que tanto cuesta mantener encendida.
El ecoblanqueo se combate a base de denuncias y siempre te engañará antes una multinacional que importa desde cualquier lugar del mundo que un agricultor de tu pueblo. Lo local es una forma de luchar contra el engaño. Por ello es tan importante el comercio de proximidad y la venta directa. Las listas que aparecen de vez en cuando mostrando una clasificación de las empresas que más hacen por el bien del medioambiente y llevan a cabo políticas de producción sostenibles suelen estar repletas de falacias y de errores. El planeta necesita un cambio mucho más profundo que todo lo que este tipo de macro empresas ofrecen.

Cuidado pues con la publicidad, lo “verde” está manchado muchas veces de mentiras e injusticias. Hay que informarse muy bien sobre las prácticas de las empresas y sobre el etiquetado de los productos. Hay que exigir transparencia y no dejarse seducir por las buenas palabras o por gestos aislados de quienes nos han traído hasta aquí y quieren seguir marcando el ritmo de nuestra vida en el futuro. A falta de un plan serio para frenar el cambio climático todo lo demás es huir hacia adelante, explotar la buena voluntad de los consumidores buscando el beneficio económico. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene alardear de sostenible cuando el balance general de una empresa o un producto es muy negativo? ¿Qué se consigue con ello? ¿Qué nos espera después del ecoblanqueo?

Lo verdaderamente indignante es que se permitan estas prácticas fraudulentas mientras las acciones que de verdad ayudarían a mejorar el estado del planeta son muchas veces frenadas por el interés económico del gran capital. El planeta no entiende de políticas, los recursos naturales no renacen a base de milagros técnicos, el hombre debe iniciar un cambio y para ello sobran las mentiras y el ansia de enriquecerse.

Decrecer, el verbo de conjugación obligatoria

Leer el “Pequeño tratado de decrecimiento sereno” y simultanearlo con noticias de actualidad, especialmente si se trata de la sección de política nacional, es un ejercicio no apto para gente con problemas de vértigo. Cuando estamos situados, y me refiero a la humanidad, en una zona de alto riesgo a la que hemos llegado cegados por la idea de que el crecimiento económico era la panacea de todos los males de la sociedad, hablar de crecer y de crear empleo utilizando los mismos argumentos que nos “ayudaron” a meternos en el fango actual, es algo difícil de asimilar. Mientras sube el desempleo, los alimentos y la energía, aún estamos rodeados de anuncios publicitarios que nos incitan a comprar los últimos modelos de automóviles (!algunos modelos ahora son ecológicos!. Cuando la agricultura industrial ha dado sobradas muestras de incapacidad para resolver los problemas del hambre y se está convirtiendo en un activo financiero para los grandes grupos de inversión mundiales, se subvencionan aquellas explotaciones agrícolas en función de su tamaño o de cosechas históricas (ver las condiciones de la última PAC). Los pequeños agricultores europeos se ahogan entre los gastos de la actividad y las extorsiones por parte de los mercaderes al servicio de las grandes cadenas de distribución de alimentos, quienes les imponen unos precios literalmente insultantes . Cuando es de sobra conocido el declive del combustible más importante y clave del crecimiento económico desde la revolución industrial , se recorta la inversión en energías renovables y el carbón vive un delirante renacimiento. Cuando las ciudades españolas son la que “gozan” de un aire de peor calidad, suben los transportes públicos y los carriles para bicicletas brillan por su ausencia.

En las últimas elecciones no se ha hablado ni una palabra acerca de los problemas más importantes a los que nos enfrentamos como seres humanos. Los partidos políticos siguen anclados en un discurso demostradamente fracasado. Últimas noticias hacen referencia a la posibilidad de construir en zonas protegidas con la excusa de la creación de empleo sin importar el impacto socio ecológico de tales barbaridades. En fin, tal y como dice en su pequeño tratado su autor Serge Latouche, “en el decrecimiento no se habla de gente de derechas o de izquierdas, se trata de personas conscientes de los problemas que vivimos y de depredadores”.

El decrecimiento no significa crecer negativamente, sino hacerlo de forma coherente y conociendo los límites que nos impone la naturaleza, decrecer no es volver a las cavernas, pero si es volver al tendero de la esquina, al cine de barrio y los mercados callejeros, decrecer no es hacer fuego con piedras y alumbrarse con velas, pero sí es llevar a los niños al colegio del barrio andando o en bicicleta en lugar de llevarlos en gigantescos 4×4 inundando el camino de humos varios. Decrecer es saber que por cada puesto de trabajo precario que se crea en los grandes centros comerciales de las afueras se pierden cinco en los comercios de proximidad.

Si el ciudadano olvida que otro mundo es posible, la política desaparece y sólo queda la simple gestión administrativa de los hombres y las cosas.

Si la tierra debe perder la mayor parte de su belleza debido a los daños provocados por un crecimiento ilimitado de la riqueza y de la población, entonces, deseo sinceramente por el bien de la posteridad, que nos contentemos con quedarnos donde estamos con las actuales condiciones antes de que nos veamos obligados a hacerlo por obligación“, John Stuart Mill

El crecimiento, la sociedad preparada para el crecer por encima de todo, está demostrado que es nociva para el medio ambiente y pone en serio riesgo el futuro de los más jóvenes. Hoy en día, el 80% de los bienes de consumo que existen en el mercado sólo se utilizan una vez antes de acabar en la basura. Esta lógica del derroche sólo puede llevar a el agotamiento de los recursos naturales y la contaminación del aire, la tierra y el agua. ¿De qué valdrá el empleo creado si vamos a llegar a un momento en que no habrá clientes para los nuevos productos?

El decrecimiento es una utopía concreta y necesaria que, para implantarse, necesitaría que la sociedad estuviera preparada para ello, no se puede pretender implantar una lógica de decrecimiento en una sociedad como la actual, programada para crecer por encima de todo. No se pueden resolver los problemas que nos acechan actualmente si seguimos confiando en unos tecnócratas al servicio de la productividad y el crecimiento que, además, dependen de un electorado local bombardeado por una de las industrias más dañinas que existen: la publicidad. No cabe otra solución que la que proceda de local, de lo pequeño con alma, de una forma de vida opuesta a la actual, de una forma de consumo diferente, en fin, para seguir avanzando en este planeta sólo queda decrecer y vivir más plenamente.

Pequeño tratado de decrecimiento sereno

Somos muchos, basta con poco

16 marzo, 2012 2 comentarios

En el Manual de Transición, obra imprescindible de Rob Hopkins, se lee una frase que siempre me ha gustado especialmente, “no vamos a cambiar el mundo, pero al menos preferimos colocarnos en el lado de las soluciones que en el de los problemas”. Cito de memoria, pero más o menos la idea es esa. Cambiar el mundo suena muy pretencioso y demasiado utópico, sin embargo ¿quién quiere seguir en el lado del problema?

Bueno, pero muchos se preguntarán, ¿y cuál es el lado del problema o el lado de la solución? Lo primero que hay que entender es que tenemos un problema, uno de los más grandes que nunca ha tenido la humanidad. El planeta, nuestro lugar de acogida, tiene sus límites, los tesoros y la belleza que nos ofrece gratuitamente no son una mina de la que se pueden extraer materiales sin cesar sólo para enriquecerse. La tierra es algo maravilloso que nos ofrece sus recursos para que podamos utilizarlos en función de nuestras necesidades vitales, ni más ni menos.

El hombre basa sus actividades en el uso y la transformación de esos recursos (agua, petróleo, minerales etc). En el momento que el hombre deja de ser consciente de los límites de la naturaleza y del impacto que causan sus actividades sobre el medio en el que vive, comienzan los problemas. Así que los problemas que tenemos no han aparecido de un día para otro, sino que son fruto de una serie de errores encadenados y de una progresiva pérdida de conciencia. El hombre ha agotado el límite de los recursos que la tierra le proporciona y ahora ha llegado el momento de reparar esos daños. La única forma de volver al lado de la solución es tomar conciencia de lo que somos en el contexto universal y reconocer la vital importancia que tiene la naturaleza en nuestra existencia. Decididamente se puede afirmar que el hombre ha subestimado la posibilidad de desaparecer como especie.

¿Qué hacer? ¿Cómo pasar al lado de la solución?

El hombre necesita vivir en paz, no estar permanentemente preocupado por sus actos, sentirse controlado o con la sensación de estar vigilado permanentemente. Por eso, para iniciar un cambio en la forma de vivir, se necesita llevar a cabo un cambio de mentalidad, estar convencido de lo que se hace y por qué se hace. No es cuestión de seguir unas determinadas instrucciones, sino de seguir el simple y natural dictado de la conciencia. Una persona puede lograr cambios importantes en su vida que, si se unen a los que consiga otra y otra y otra, pueden lograr verdaderos milagros.

Cada vez que se produce algún bien de consumo hay un gasto de energía y el sistema soporta un impacto, por ello es muy importante que se consuma estrictamente lo necesario. Si entendemos que la energía más limpia es la que no se consume, habremos dado un gran paso para cambiar. Si la comida que consumimos se produce cerca de casa, no hará falta recurrir a otra, que puede que sea algo más barata, pero que viene de la otra punta del planeta y seguramente contenga sustancias para conservarlas y que ha necesitado una gran cantidad de energía para que llegue a nuestra despensa. Si podemos ir andando a un sitio es conveniente no usar el automóvil, si nos acostumbramos a comer aquellos productos de temporada y que se producen en nuestra región, estaremos colaborando con los agricultores y ayudando a mejorar el medio ambiente del lugar donde vivimos. Si reparamos o introducimos algún cambio en la chaqueta vieja no necesitaremos comprar una nueva que, seguramente, fué fabricada en algún país subdesarrollado y usando mano de obra infantil.

Hay muchas cosas que hacer de forma diferente, muchas posibilidades y gestos que van aumentando conforme la persona se va interesado y averigua detalles que no se le habían pasado por la cabeza nunca. Es de vital importancia estar despiertos, leer, pasear, amar, gozar de cosas tan sencillas como tomar el sol en el balcón o en el parque, cuidar un jardín e ir aprendiendo a cultivar. La libertad se consigue entre todos, no puede haber una persona libre si vive entre presos. Somos muchos, nos basta muy poco para comenzar el cambio. Hay que ponerse manos a la obra, la tierra se está enfadando mucho y, frente a la naturaleza, el hombre debe aprender que es mejor no enfrentarse.

Estimado lector, si conoces algún gesto que crees positivo para lograr ese cambio tan necesario, por favor, coméntalo y compartelo con los demás. Todos somos igual de importantes para lograr mejorar nuestro día a día y así, el mundo.

Categorías:sostenibilidad Etiquetas: ,

Las cosas pueden empeorar y empeoran

6 febrero, 2012 Deja un comentario

Sucede que las cosas pueden empeorar y empeoran. Desde que, según muchos medios oficiales, estamos pagando las consecuencias de haber vivido por encima de nuestras posibilidades, la calidad de vida de los más desfavorecidos está siendo claramente amenazada (estas personas llevan muchos años viviendo prácticamente de forma indigna). Los servicios sociales se privatizan y lo público va desapareciendo lentamente, los asuntos medioambientales se abandonan y sólo se tendrán en cuenta aquellos proyectos que aseguren una rentabilidad económica. Las nuevas reformas que pretenden llevar a cabo los responsables políticos elegidos por mayoría absoluta van en una clara y concreta dirección: lo público no es viable económicamente y debe ser privatizado.

Si ya resulta chocante que se privaticen aquellos servicios que se crearon gracias a los impuestos recaudados, cuando la búsqueda de beneficios se enfoca hacia el medioambiente el asunto se torna cuanto menos delirante. La naturaleza ha ofrecido desde siempre enormes beneficios al ser humano, la biodiversidad es la “culpable” de nuestra existencia, los bosques nos salvan de morir ahogados por nuestros humos, en fin, que estos asuntos deberían darse por asumidos y la defensa de un medioambiente diverso y sano debería ser no ya un reto, si no una obligación para gobernantes de cualquier signo e ideología.

Los responsables políticos de la actual Europa o bien no han entendido nada o miran deliberadamente para otro lado proponiendo unas reformas que, según desprenden sus inverosímiles discursos, van a sacarnos de un atolladero que paradójicamente es el resultado de unas políticas muy similares a las que proponen. Así, mientras los expertos llevan años trabajando para analizar el actual estado del planeta y proponer soluciones que logren frenar un desgaste extremadamente peligroso para la humanidad, los políticos se encargan con sus propuestas de frenar esas posibles soluciones. Cuando se necesitan tomar ciertas medidas que comiencen a remediar los errores cometidos en el pasado, se anuncian cambios que nos llevarán a profundizar aún más en dichos errores.

El desarrollo económico no se puede desligar de los límites que impone la naturaleza, las materias primas que sirvieron para alcanzar niveles históricos de crecimiento ya no se consiguen tan fácilmente, las energías fósiles se acaban y su extracción supone cada vez un mayor desgaste medioambiental, todo lo que antes era un “milagro” se convierte con el tiempo en pesadilla. Pero las reacciones siguen sin ser las adecuadas, prometer empleo puede ser un arma electoral para ganar unas elecciones, pero no estaría mal que nos dijeran en qué sectores, en qué tipo de actividades se materializará esa creación de puestos de trabajo y qué tipo de empleo prometen. Si para ello hay que volver a morder la costa o realizar obras que maltraten el medioambiente y cuyo impacto las hace inviables, la situación empeorará. Los empleos que se creen deber ser de utilidad social y ecológica, el salario mínimo se debe incrementar para hacer frente a los efectos de la crisis, se debe reducir la jornada laboral para que trabajen todos, aunque sea menos. Si no se revisa el reparto de la riqueza el dinero se mantiene en circuitos cerrados y en pocas manos, de esa forma es imposible crear empleo y estabilidad social.

Es evidente que faltan políticos que entiendan de la materia, no basta con tener prestigio en su endiosado mundo, se necesitan especialistas que hayan trabajado en los asuntos que se les encargan, gente que entienda y sepa qué es lo que se necesita de verdad en cada momento y en cada lugar. Si el objetivo es conservar el poder que otorga una mayoría de electores y para ello no se pueden tomar medidas que pongan en riesgo ese poder, los resultados serán negativos siempre. Hasta que no se reconozcan los errores cometidos y se tomen medidas consensuadas para remediar en lo posible los daños causados, mientras la creación de riqueza y empleo no vaya estrechamente relacionada con el respeto a la naturaleza y al ser humano, estaremos empeorando pese a que muchos afirmen lo contrario. El político celebrará su éxito mientras la tierra agoniza sin que nadie lo impida. Basta con prestar atención al discurso político actual para ver hacia dónde camina el mundo y asustarse.

Categorías:sostenibilidad
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 2.814 seguidores