La batalla del consumo


Para un consumidor concienciado e informado, salir de compras puede convertirse en una verdadera guerra. Actualmente, en casi todas las ciudades, resulta complicado encontrar productos que guarden coherencia con la ideología o la forma de ver la vida de aquellos ciudadanos sensibles e informados. Según de qué productos se trate, puede ser una tarea imposible.

Tal y como se está diseñando el futuro más inmediato, es necesario que el consumidor comprenda el verdadero poder de su condición. Es el momento de entender que, a través de nuestras compras e inversiones, nuestro dinero fomenta actividades que nuestros ideales rechazarían vehementemente.
Yendo a votar cada cuatro años no se solucionan los problemas que nos acucian día a día y cuya mayoría de ellos se repite e incluso empeora constantemente año tras año. El euro que depositamos en un producto determinado es como un voto que otorgamos al fabricante del mismo, es nuestra forma de dar el visto bueno a unas prácticas y métodos que, de conocerlas, nos provocarían algo más que escalofríos.

La gama de conflictos a los que se enfrenta el consumidor cuando sale de compras es amplia: desde los productos venidos de la otra parte del mundo, cuyo precio es más bajo que el mismo producto producido en la región, hasta la ropa de marca confeccionada en países en cuyas fábricas se explota a niños y mujeres hasta la extenuación pasando por alimentos industriales con alto porcentaje de sustancias cuanto menos de dudoso efecto sobre la salud y los productos bancarios y sus políticas de inversión, que son para echarse a temblar .

Ir de compras se ha convertido en un acto de militancia, nuestro dinero no debería apoyar causas que rechaza nuestra conciencia. Aunque queda mucho camino por recorrer, si uno se preocupa y busca información, seguro que encuentra soluciones altertativas para consumir de forma más responsable y coherente con sus ideas. El consumidor puede propiciar muchos cambios, basta con detenerse a pensar un poco y actuar en consecuencia. Preguntarse de dónde vienen y cómo se cultivan esos tomates con tan buena pinta y tan baratos que encontramos en el mercado en noviembre, y el pescado tan brillante durante todo el año, preguntar en el banco dónde invierten nuestros ahorros y si ofrecen algún producto solidario o ético, mirar la etiqueta de los pantalones, el “made in”, informarse sobre el trabajo infantil en el sector textil, los métodos de la agricultura y la ganadería industrial, etc.

Además de los aspectos sociales y ecológicos, el consumo responsable apoya la economía local, respeta el planeta y es bueno para la salud.

Haz que el carro de la compra sea tu carro de combate!!

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