El ciclo del veneno


Viendo documentales como “El ciclo idiota” uno se echa a temblar. La escena del carrito de la compra avanzando entre los estantes de un supermercado y todas las descripciones que van apareciendo a izquierda y derecha indicando las sustancias que contienen los diferentes productos, es tremenda. Cada dos pasos aparece una alerta sobre un determinado producto que informa de que una o varias sustancias son cancerígenas o pueden causar ciertas enfermedades. Terrible.

Hoy en día, los supermercados son verdaderos laboratorios químicos. La cadena alimentaria está conquistada por cientos de sustancias que se han ido introduciendo en ella a través de los distintos procesos, desde el huerto con sus abonos y pesticidas de síntesis hasta los plásticos del embalaje y las moléculas que van a parar a los alimentos. Y esas sustancias son en su gran mayoría nocivas para la salud, especialmente en niños y mujeres embarazadas. Además, un gran número de alergias y problemas varios son causados por los aditivos y conservantes que contienen la mayoría de alimentos industriales (una sustancia a evitar es el omnipresente edulcorante).

La pregunta es obvia, ¿son necesarios tantos productos químicos en la industria alimentaria? Si muchos de ellos son prescindibles, ¿por qué no se prescinde inmediatamente de ellos? ¿Por qué no se informa debidamente o por qué muchas multinacionales petroquímicas han tratado siempre de impedir que se publicaran estudios independientes sobre este tipo de sustancias?

El panorama actual deja muchas dudas al respecto. Lo más triste es que el consumidor, que otorga su confianza a los comercios en los que consume, no sabe que muchos productos que adquiere perjudicarán su salud. Pero tal y como está organizado el negocio de la alimentación, el consumidor es el único que puede provocar un cambio, no queda otra solución, hay que apoyar a quienes luchan contra la química en los alimentos, hay que boicotear a las grandes compañías que comercializan los productos que provocan cáncer y, por otro lado, nos venden los medicamentos para su tratamiento.

Cuando uno se entera de que los medicamentos contra el cáncer son los que más beneficios dejan a sus fabricantes, comienza a entender por qué no se dejan de introducir sustancias químicas en la cadena alimentaria.

Recuerdo una escena de un reportaje sobre un agricultor francés enfermo de pesticidas quien, al despertarse en la habitación del hospital en el que estaba ingresado, reconoció en una de las cajas de medicinas un logotipo que le resultaba muy familiar. Segundos después cayó en la cuenta de que ese logotipo era el mismo que estaba estampado en los sacos de herbicidas que utilizaba en sus plantaciones y que le causaron la enfermedad que le llevó al hospital.

¿Qué hacer?

Lo primero que habría que hacer es consumir menos, cuantos menos productos tengamos en casa, menos posibilidades de enfermar. Para evitar productos con conservantes, comprar en cooperativas de consumo o en circuitos de proximidad. Procurar comprar siempre productos de temporada y, siempre que sea posible, locales y ecológicos. Preparar los purés para bebés de forma casera y con productos ecológicos. Cocinar las salsas y evitar siempre que se pueda las preparadas, los productos industriales. No usar perfumes ni fumar, sobre todo en presencia de niños o mujeres embarazadas. Crear una lista casera de compañías que fabrican productos químicos cancerígenos y demás venenos legales y no comprar nunca sus productos. Leer la composición de los productos que deseemos comprar y desechar aquellos que contengan sustancias sospechosas. Comprar los menos plásticos posibles, ante un envase de vidrio o de plástico, elegir siempre el vidrio. Por supuesto usar bolsas de tela para ir a la compra, rechazar las bolsas de plástico siempre.
Desconfiar de la publicidad que intenta demostrar la inocuidad de los productos, si fueran realmente inocuos, no se gastarían ese dinero para convercer al consumidor.

Y otro detalle importante: pese a todo, tratar de no perder el sentido del humor, es muy recomendable para la salud.

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