Varias crisis y una gran ineptitud


El mundo está siendo devorado por un conjunto de crisis cuyas trayectorias se unen para destrozar sistemas políticos y económicos que chirriaban desde hace mucho tiempo. Si a estas crisis, que podemos denominar domésticas por su carácter local o nacional, les añadimos las crisis ecológica y energética, ambas transfronterizas, el resultado es un grave problema que no admite retrasos ni largos periodos de dudas para encontrar una solución o para adaptar las sociedades a unos efectos que ya han comenzado a mostrar sus peligros. Es evidente que lo primero que se necesita para atacar a un determinado problema es reconocerlo, luego analizarlo y después desarrollar una estrategia adecuada para eliminarlo o al menos frenar sus efectos.

Ante este panorama, la actualidad ofrece un escenario en muchas ocasiones esperpéntico e incomprensible para la mayoría de ciudadanos. Al comienzo de la crisis económica, algunos gobiernos parecían haber dado con la solución. Pero los planes “verdes” que algunos presidentes presentaron al comienzo de sus mandatos como salvadores de la economía se quedaron en promesas electorales. Después, industrias obsoletas y altamente contaminantes continuaron teniendo prioridad a la hora de recibir subvenciones por parte de los estados quienes, con la excusa de la crisis económica, están poniendo en marcha “ajustes” presupuestarios que afectan de forma directa al estado del bienestar, sobre todo de los que más lo necesitan, al medioambiente y a la lucha contra el cambio climático. La mayoría de gobiernos subestima amplios y profundos estudios existentes acerca del estado del planeta y los recursos naturales. En muchos casos, la huída hacia adelante de los gobiernos resulta alarmante.

Ante la obviedad del fin del petróleo barato, recurso energético más importante y al que todos los países son extremadamente adictos, se busca explotar cualquier tipo de yacimiento cueste lo que cueste y sin importar los daños medioambientales que conlleva. No se conocen iniciativas “oficiales” para adaptar a la sociedad a una más que probable escasez de dicho combustible fósil. Como el ciudadano occidental no quiere dejar el coche ni para realizar los trayectos más cortos en su día a día los gobiernos, siempre tan cuidadosos de no enfadar a su cómodo electorado, se dedican a explotar el cultivo de agrocombustibles en países donde el hambre comienza a hacer estragos o a recurrir a los más extravagantes e ineficaces planes de ahorro en lugar de establecer las bases para que la sociedad pueda sobrevivir a su dependencia. Las energías renovables pasaron de ser la solución y una enorme fuente de creación de empleo, a ser abandonadas y privadas de las ayudas necesarias para que se desarrollen, la agricultura ecológica, método limpio e independiente del petróleo y que ahorra recursos naturales, se ve ahogada y sufre para desarrollarse en todos los países de Europa. Altos cargos políticos envueltos en oscuros asuntos de corrupción no solamente no dimiten, sino que apuntan a vencer en las siguientes elecciones. Cada vez hay más desempleo porque el sistema está finiquitado y no va a volver a crear puestos de trabajo si no se cambia de estrategia, si no se invierte en nuevos campos y sectores.
Después de tantos años de democracia en la vieja Europa, resulta que los presidentes de los países más poderosos se han convertido en personajes de la prensa amarilla y sus declaraciones y apariciones públicas rozan lo grotesco. Sin una idea común, el viejo continente se ve arrastrado por la más que dudosa laboriosidad germana cuya sociedad vive angustiada y con la sensación de que trabajan para alimentar a los vagos del sur. Un país como España dilapida sus recursos naturales apostando por una industria turística basada en el “todo vale” que ha arrasado la costa y la imagen del país, la gran potencia nuclear francesa no es suficiente para abastecer al país y deben comprar energía a España por primera vez en la historia. En fin, se podrían contar innumerables y tristes anécdotas que lo único que demuestran es que, o bien los actuales gobernantes no tienen ni idea de lo que está ocurriendo, o su falta de honestidad y su total irresponsabilidad es clamorosa. Mientras tanto, estamos perdiendo un tiempo precioso debatiendo las causas de la crisis y haciendo pronósticos sobre la fecha en que comenzaremos a “crecer”.

No se trata de remontar una crisis, el asunto es mucho más profundo y delicado, se trata de cambiar el modo de vida e iniciar una nueva civilización. Pero la fiesta se ha acabado hace tiempo y algunos siguen bailando.

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