Escuchar a la naturaleza


Un terremoto provoca un tsunami gigante que arrasa todo lo que encuentra por delante hasta que su fuerza devoradora se agota. Las imágenes que circulan por la red son terribles y le dejan a uno sin palabras, petrificado ante la pantalla. Ante un golpe tan duro, tan descomunalmente natural, el hombre disminuye hasta verse completamente desbordado por la cruel realidad.

Hace ya muchos años, los japoneses lucharon hombro con hombro después de una tragedia provocada por el hombre para convertirse en un país próspero. El nivel del vida de sus ciudadanos es alto, como su educación y su tecnología, puntera en muchos sectores. Las ciudades japonesas son estampas de modernidad y vida ordenada. Quizás por ello choca aún más si cabe la visión del caótico paisaje que va dejando este fenómeno natural sobre un país que ejemplariza todo lo contrario. El amasijo de coches, casas, y escombros escenificaba una Apocalipsis que, una vez se produjo la primera explosión en una de las centrales nucleares afectadas, se iba haciendo realidad.
Japón tenía instaladas varias centrales nucleares en la costa y en territorio proclive a sufrir terremotos. Esto sí es una realidad.

Una vez ocurrido el desastre, las informaciones van y vienen como pájaros asustados. Uno no sabe a qué atenerse, a veces hasta piensa que muchos medios de información distorsionan datos para atraer a un mayor número de lectores. Tanta información acaba por lograr que uno, asustado, pierda perspectiva.

Uno sigue asustado por lo que ve y lee y, conforme avanza el tiempo, siente más profunda la tristeza. Uno ve las imágenes y videos que le llegan a diario y se va formando su propia idea. Un fenómeno natural ha puesto en evidencia un modo de vida poco natural que el hombre ha creado para dar rienda suelta a sus ambiciones ¿poco naturales también? Ese modo de vida que muchos discutían en Japón una vez vio la luz después de aquella tragedia, añorando una sociedad más cercana, más espiritual y sosegada.

Uno recuerda Japón por sus grandes edificios y sus calles atiborradas de carteles luminosos, por el tren bala, cuyas vertiginosa velocidad y forma de munición mortal dan miedo. Japón es un país cuya densidad también asusta, la gente va por las calles codo con codo, cuerpo a cuerpo, la luz de las carreteras, de los restaurantes, los anuncios gigantescos colgados de las fachadas acaparan la atención y deslumbran con su agitada luz hasta el cielo.
Pero Japón también es el país más endeudado del mundo y lleva 20 años sufriendo una recesión económica. ¿Como es posible esto? ¿Para qué tanto progreso y tan alta tecnología si al final la deuda crece y crece sin parar? ¿A quién puede beneficiar esta organización económica que hace que todo un país viva al día y de prestado?

Los ciudadanos no somos los únicos ni los mayores responsables de lo que ocurre en los países, pero somos quizás los que más posibilidades tenemos de cambiar el rumbo y las políticas de los gobiernos. Para ello no es necesario ejercer ningún tipo de violencia, basta con no apoyar ni seguir ciertas prácticas o rechazar ciertos hábitos que algunos intereses desean imponernos. Bastaría que los ciudadanos tomaran conciencia de cómo se consigue esa agua que beben a diario o de la importancia de ese árbol que les ayuda a respirar, para provocar un giro y dirigir la sociedad por un camino más acorde con quienes somos y con quien nos aloja. Hoy en día contamos con unos adelantos que hace nada no habíamos llegado ni a soñar. La buena tecnología es la que resulta útil y hace la vida más fácil respetando al agua y al árbol, pero hay que estar alerta y no morder el cebo de la publicidad y sólo utilizar lo que de verdad necesitemos. La lucha para hacer un mundo mejor no pasa por volver a las cavernas, pero quizás sí que requiera volver a hacer más tareas o trabajos con las manos, buscar otro tipo de placeres más simples y más intensos, ir a pie a muchos recados o simplemente desconectar todos los aparatos de casa cuando no se van a utilizar.

El ciudadano sabe que el valor verdadero de una persona no se corresponde con la marca de ropa que viste o la potencia y velocidad que alcanza el coche que conduce. La remuneración de los trabajos debe equilibrarse, uno debe ejercer en la vida aquello que le hace disfrutar, no debe formarse sólo para llegar a ganar más que otros. Todo esto lo sabemos todos, pero quien se atreva a comentarlo con los amigos, casi seguro que será tratado de soñador o utópico. Y es que hemos sucumbido a la publicidad, a la información que comienza provocando miedo y acaba por aturdirnos. Sabemos mucho más de lo que demostramos en el día a día, somos capaces de muchas más cosas de las que hacemos, valemos mucho más que lo que nos dicen que valemos. Juntos podemos arreglar esto, aunque muchos se empeñen en separarnos, en enfrentarnos, en disuadirnos cuando intentamos hacer algo en lo que creemos.

En Japón existe un movimiento que luchó contra las centrales nucleares, un grupo de gente que esgrimió, muy al estilo japonés, razones de mucho peso para no elegir este tipo de abastecimiento energético para su país. Fueron derrotados, apartados de la actualidad, seguramente tratados de trasnochados, de soñadores y utópicos. Ahora seguramente alzarán de nuevo sus voces, sin hacer mucho ruido, respetando a las víctimas. La naturaleza ha hablado por ellos, sólo cabe esperar que los demás también la hayamos escuchado.

foto elpais.es

2 pensamientos en “Escuchar a la naturaleza

  1. hay un libro asombroso que se está imponiendo en materia ecologica en terminos generales que vale la pena leer. su titulo es AL NATURAl: aprenda a escuchar lo que dice la naturaleza.
    es muy apropiado para acompañar estas materias y para la época que estamos viviendo

  2. AL NATURAL: aprenda a escuchar lo que dice la naturaleza.
    es un libro muy puntual para estas épocas que está viviendo la humanidad

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