La primera batalla


El otro día, leyendo un libro muy interesante, “Le Philosophe Nu” del autor francés Alexandre Jollien (recomiendo toda la obra de este peculiar filósofo a todo aquel que lea francés), me encontré con un párrafo que me mantuvo reflexionando un buen rato. El párrafo está extraído de un libro del escritor y filósofo zen japonés Sekkei Harada. Dice así:

Sólo hay una persona a quien debes buscar, una persona que debes buscar como si estuvieses locamente enamorado de ella. Esa persona es tu yo esencial, tu verdadero yo. Hasta que no encuentres a ese yo, te será imposible encontrar la verdadera satisfacción en tu corazón, te será imposible evitar la sensación de que te falta algo, te será imposible encontrar la claridad en todas las cosas en general”.

Considero que es muy importante, antes de iniciar cualquier batalla cotidiana, luchar para encontrarse a sí mismo. Muchas peleas con la vida comienzan por un motivo parecido: nos perdemos, no nos aclaramos con nuestro yo interior. Ese desorden interior nos impide ordenar el entorno, salir de ciertas dudas que se van acumulando y nos impiden ver claro. Una persona que ande ligera por la vida será más difícil que se involucre en luchas sin sentido, jamás se sentirá obligado a aceptar una mentira como mal menor.

La primera batalla de una persona en la vida debe comenzar en su interior. Uno debe aceptarse, ganar la paz con su cuerpo, con las formas físicas y con la forma de ver el mundo. Ganando esta batalla, la persona se enfrenta a otras guerras con el espíritu sosegado y con la mente clara. Hablo de guerras y batallas, porque realmente lo son. Desde que nacemos nos vemos envueltos en múltiples litigios, la calidad de nuestra vida dependerá de cómo los afrontemos.

No caminar por la vida con una carga cada día más pesada, comprender el verdadero valor de las cosas para tomar la decisión que más nos convenga. Todo lo que vivimos, pensamos o imaginamos está relacionado entre sí, y todo comienza en el interior de cada uno, a partir de esa voz interior que tanto nos influye, de esa persona que habita nuestro interior y que tan poco conocemos.
Alcanzada la paz interior, la paz del entorno parece posible, entonces se puede apreciar el placer que nos ofrece la vida. Una vez uno aprende a quererse, es más fácil querer a los demás.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s