Problemas y soluciones



La situación económica y social de todo el mundo empeora día a día. No hay una única crisis, en mi opinión existe un colapso sistémico (la globalización ha sido un fracaso) y otro ecológico, incluyendo el gravísimo problema de la energía.

La situación de España es de las más llamativas: después de la tan publicitada “modélica” transición, el país se saltó algunos peldaños del lógico progreso y pasó de repente a ser posmoderno sin haber sido antes moderno. Después, dopados por una burbuja que escondía más mentiras que un mitin político, se nos hizo creer que éramos una potencia económica mundial. Los viejos tópicos nacionales se maquillaron para adornar un escenario teatral que tenía confundido a todo el continente, incluyendo a muchos ciudadanos nacionales. Pero la burbuja, que sólo era una tapadera para insanos negociantes, produjo una resaca cuyos efectos me temo van a permanecer algunos años más en el cráneo del país.

Sin contar con una economía propia, basada en productos nacionales, España está a expensas del humor de sus acreedores. Uno de los grandes problemas que tiene el país es el desempleo y la falta de alternativas. No se encuentran sustitutos a las empresas o negocios que van cerrando sus puertas progresivamente. Estos problemas se podían intuir, el modelo español se basó en una especie de “aquí te pillo, aquí te mato” dejando el timón de la economía a las grandes multinacionales, cediéndoles terreno, mano de obra y facilitándoles la tarea con un fisco que siempre se cebó con el más débil. Ahora muchas de esas gigantescas compañías cierran o se van buscando otros paraísos y dejan desolación, angustia y muchas hipotecas por pagar.

España no ha aprovechado sus verdaderos potenciales y ha echado a perder parte de sus recursos. El país ha jugado el partido que menos le convenía. Todo esto hay que recriminárselo a una clase política que ha callado y, en muchos casos, colaborado con el saqueo. Todo ciudadano conoce el “affaire” del ladrillo, sus culpables y sus consecuencias tanto para la economía como para el paisaje del país.

El ciudadano anda confuso y cabreado. A la falta de una información veraz y honesta acerca de lo que realmente está pasando, se une la desinformación programada de unos medios de comunicación y unos políticos, ambos protegidos por las grandes compañías que hacen y deshacen a su antojo. Los bancos, las mayores empresas nacionales, buscan beneficios económicos en cualquier parte del mundo independientemente del grado de suciedad de las inversiones. Los ciudadanos van creciendo en la cola del paro y la desesperación de mirar al horizonte y no ver nada no tardará en mostrar sus efectos. Al pueblo puede que lo hayan conseguido adormecer durante todos estos últimos años, pero si despierta y ve que no tiene nada que perder, su reacción será imprevisible.

El único camino que queda es el que lleva a buscar soluciones. Hay una solución para todos los problemas, sólo es necesario buscarla, intentarlo, no quedarse esperando la ayuda de quien nunca te ha ayudado. Si algo tiene España es una geografía y un clima ideal para producir alimentos. También tiene el país algo que no se compra con dinero: sol, muchas más horas de sol que cualquier otro país europeo. Teniendo tierras, sol y un clima templado, sólo falta desarrollar una estrategia adecuada (aquí está la verdadera cuestión) y ponerse a producir. Si hoy en día algún sector de la economía tiene el futuro algo despejado ese es el de la producción de alimentos y el de las energías renovables. España debe inundarse de verde. Las ciudades deben inundarse de huertos productivos que garanticen el abastecimiento de la población. Un buen plan agrícola basado en las técnicas tradicionales y no en el petróleo ni en la especulación, devolvería el sentido común a la economía española, sería una apuesta ganadora que sanaría de momento una herida que se abre cada día un poco más. El país debe apostar decididamente por un sector que la puede convertir en la despensa verde de Europa y en destino turístico limpio. Ocio verde, alimentación sana, cultura y una sociedad de bajo impacto, el futuro no es nada más. Si tenemos alimentos, si cubrimos parte de un territorio abandonado en huertas verdes y productivas, ya tenemos mucho ganado.

Pero España tiene algo más, otra carta en la manga que puede significar una maravillosa fuente de ingresos: el grandioso patrimonio artístico cultural. Las posibilidades de generar un turismo cultural, responsable y sostenible son inmensas. Habría que comenzar cambiando la imagen que hemos creado fuera (España no es playa, sangría, ruido y descontrol). Por otra parte, la mayoría de edificios emblemáticos se encuentran en un estado deplorable. Las infraestructuras turísticas dejan mucho que desear. Falta gente preparada para atender a una masa de turistas que aceptaría de buen grado darse una vuelta por una España que sólo han visto en los libros. El potencial de empleo que se generaría en un sector turístico renovado es enorme. Se debería fomentar el aprendizaje de idiomas entre los futuros empleados, es una verdadera pena que muchos turistas sigan teniendo problemas para entender y, sobre todo, hacerse entender cuando visitan zonas del país alejadas de la ruidosa costa. Como aderezo imprescindible al patrimonio cultural, habría que crear una red de ciclovías que cubrieran rutas basadas en aspectos histórico-culturales del país. El turista podría pasear en bicicleta y al mismo tiempo empaparse de una cultura milenaria, degustar especialidades locales y gozar de unos días de descanso en unos entornos sin igual en toda Europa. Todo esto es posible, funcionaría y sacaría al país del sinsentido.

Hay que reconocer el fracaso de los modelos económicos que se adoptaron en los últimos años y rectificar. España debe apostar por sectores en los que se sabe fuerte, nunca competir con otros países en sectores para los que no está preparada. Hay dinero para llevar a cabo todas las reformas necesarias (lo contrario son puros cuentos, mentiras), hay gente preparada de sobra, falta vocación política e iniciativa ciudadana. No es posible que existan miles de casas vacías y gente en la calle, no se debe permitir que hallan terrenos abandonados mientras hay cada vez más gente que no tiene para comer, no se puede echar a perder un patrimonio único.

Así pues, agricultura y turismo sostenible. Dos salidas a la crisis. Un cambio de rumbo de una economía insostenible que nos ha llevado a la ruina. Mejor buscar soluciones que buscar culpables, además, todos somos un poco culpables de todo lo que ha y está ocurriendo. Es necesario reaccionar de forma urgente, no hay tiempo que perder. Al igual que ocurre con la adaptación de los países al cambio climático y al cenit del petróleo, todo tiempo perdido se traduce en dinero perdido.

Todo será más caro y difícil en un futuro muy cercano.

Hay que ponerse manos a la obra desde los barrios, desde los pequeños pueblos. No queda nada por lo que esperar. Si no lo hacemos nosotros, si esta especie de revolución no la controla el pueblo, los ogros económicos nos comprarán las tierras y las inundarán con sus mágicos productos vendiéndonos la comida que estaremos obligados a comer. Sería repetir el error. Sería volver a perder. Sería un lujo que no podríamos soportar, sería simplemente imperdonable.

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