La conquista del espacio público


Camino por la ciudad bajo la ola de calor. Deambulo por sus calles, que asumen mi presencia sin exigir nada a cambio, sin preguntar dónde he estado todos estos años. Arrimadita a las fachadas, saltando de sombra en sombra para evitar que los rayos de sol terminen de abrasar mis ya lastimados hombros, escucho el motor de los aparatos de aire acondicionado que zumban sobre mi cabeza y que, de vez en cuando, dejan caer unas gotas de agua a mi paso. Aquí, en las calles de mi recuerdo, los árboles en las aceras son testigos inalterables de la vida que pasa ante sus ramas. A sus espaldas, los bares vacíos, los escaparates polvorientos y los carteles de traspaso forman ya parte de la rutina del paisaje urbano. Y, por las pistas infernales que forma el asfalto, los demonios enlatados se abren camino malhumorados, frenando y acelerando, chispeando los ojos y rechinando los dientes en cada semáforo.

Así es la ciudad de mi recuerdo: caliente pero mezquina, hiriente y, últimamente, vendida. Por sus arterias, los chirimbolos, los megacarteles y las pantallas de televisión han tomado el espacio público para hacernos creer que este ya no es nuestro. La grotesca invasión nos lleva a confundir lo público y lo privado y sus incansables mensajes, meros mantras de los intereses económicos de algunos, pasan por ser abanderados del bienestar y la libertad de elección de todos.

Pero, en estos últimos meses, algo ha cambiado. Las acampadas, las marchas, las manifestaciones y las asambleas no solamente han evidenciado el rotundo malestar de los ciudadanos. La fuerza que emana de estos encuentros radica en la libertad con que sus participantes utilizan el espacio público para buscar a quienes piensan como ellos y formar una unión. Al grito de “toma la calle”, los jóvenes y no tan jóvenes del país han levantado pancartas publicitarias para construirse carpas bajo las que refugiarse de la lluvia. Los participantes del movimiento han logrado que, durante unas semanas, los lugares por donde normalmente pasamos de puntillas se transformen en puntos de encuentro, pequeñas repúblicas independientes en las que el visitante puede pasear, sentarse a leer un libro, comer algo, conocer a gente con ideas afines, interesarse por el movimiento y, si así lo desea, entrar a formar parte de él. Es en estas pequeñas repúblicas donde el individuo cobra de nuevo valor, porque cada habilidad, cada pequeña ayuda, es bienvenida en la construcción y mejora de la improvisada infraestructura. No son pocos los que lo han dejado todo al encontrar en el trabajo a pie de calle su verdadera vocación. Como una colonia de hormigas, los indignados nos han mostrado cómo el esfuerzo común puede lograr aquello que hemos dejado de esperar de nuestros políticos. Solamente unidos podremos lograr que nuestras ciudades dejen de pertenecer a la publicidad y a los negocios de particulares y políticos para volver a ser realmente nuestras.

Algún extemporáneo aún ve los sucesos como una oportunidad para saciar sus ansias de venganza contra la vida y exige violencia a un movimiento radicalmente pacifista. “Son unos utópicos”, concluye rancio ante las manos alzadas de los manifestantes. Decía Eduardo Galeano que la utopía es aquello que vislumbras en el horizonte, que sabes que nunca puedes alcanzar pero que te ayuda a seguir caminando. En los bares, en las encuestas, en el ciberespacio, la inmensa mayoría apoya al movimiento del 15M, porque sus planteamientos están cargados de sentido. Mediante su extensión a los barrios, en silencio, el movimiento sigue avanzando hacia un mundo más justo y cada vez somos más los que quedamos diciendo aquello de “nos vemos en la plaza”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s