Contra la mentira de la crisis: solidaridad e ilusión


Si uno conecta la radio a la hora de las noticias, si lee varios periódicos en papel o digitales, va a encontrarse, con toda seguridad, con la palabra crisis. Llevamos unos años escuchando la misma palabra, todos los tertulianos o los articulistas hacen referencia al mismo tema. Pero, ¿sabemos de verdad lo que está ocurriendo? Y si es cierto que estamos atravesando una crisis, ¿qué tipo de crisis es esta? ¿ A quién le afecta más y cómo? ¿Qué podemos hacer ante este grave problema? Si hay dinero para ciertas cosas o eventos que no son ni mucho menos imprescindibles ni de interés general, ¿por qué no se destinan esos fondos a asuntos más urgentes como los sociales? Si de verdad estamos tan mal, ¿cómo es posible que muchos sectores sigan enriqueciéndose y aumentando sus beneficios? ¿Cómo es posible que el Estado, en plena crisis económica,  destine miles de millones de euros para la compra de helicópteros de guerra? En fin, un ciudadano que quiera reflexionar sobre la actualidad se dará de bruces con muchas incongruencias que delatan a quienes no cesan de alarmar a la población con mensajes catastrofistas. Los políticos parecen profesionales a sueldo de las grandes corporaciones, alejados para siempre del electorado y sus problemas, se han convertido en mercenarios cuyo único objetivo parece ser el de asegurarse un puesto en cualquier sector.

En todas las sociedades del mundo se distingue un problema común: la gran masa ciudadana carece de una idea básica y común que les permita conservar su libertad personal mientras viven de forma cívica y sostenible. A través de los medios de comunicación se moldea la masa social con relativa facilidad, se crea una opinión masiva que juega a favor de quienes ostentan el poder. No es posible que el ciudadano de a pie no se plantee ciertas cuestiones relativas a temas tan cercanos como la alimentación, la sanidad, la economía local etc etc. Esta carencia de información está provocada y es la verdadera arma afilada del poder. Arma que amenaza día a día al ciudadano, y que acaba por acorralarlo vencido por el miedo.

Ahora, en la situación en la que nos encontramos, sólo nos queda una opción: reaccionar. No podemos dejarnos vencer por los pésimos augurios que expande el poder económico a través de sus empleados los políticos, el ciudadano ha de elevar la voz, mostrar su descontento y ponerse a trabajar en la creación de comunidades solidarias que palien los desordenes creados por esta doctrina del miedo. Mucha gente está pagando ahora la falta de reflexión que les empujó a “desordenar” su vida cuando tenían un sueldo que creyeron eterno, cuando éramos una “potencia económica mundial”. No es momento de recordar esos errores, no queda más remedio que aprender de ellos y reaccionar para subsanar los males que engendraron. Crear unas comunidades paralelas en las que se compartan los bienes y alimentos, los conocimientos y la amistad. El ser humano necesita esa afección para sentirse fuerte, es muy importante que la gente desahuciada o excluida de la sociedad no se sienta sola. Todos somos importantes, ahora más que nunca.

El camino que va a seguir el mundo se adivina con facilidad. Una vez el gran capital se haga con el control de los servicios públicos y pueda cobrar por ellos como hacen en sus negocios privados, el mercado laboral comenzará a funcionar de nuevo (claro, siempre con un “aconsejable”  porcentaje de parados para “conservar” el miedo general a perder el puesto de trabajo). Nos quieren como clientes, siervos de un aparheid internacional. Quieren controlarlo todo, desde nuestros menús hasta nuestra digestión. No estamos viviendo una crisis, no somos culpables de casi nada (de lo único que sí somos culpables es de haberles seguido el juego en su día) de lo que se nos acusa. Es pura estrategia política para cercarnos más aún, para dominarnos completamente. Todos estos planes de ajuste presupuestario no son más que excusas para introducir las empresas privadas en el domínio público, para acaparar lo que en teoría fue creado para uso del pueblo con el dinero proveniente de la fuerza laboral del pueblo.

Una vez la gran masa se paralice por el miedo, ellos habrán vencido, entonces tendrán vía libre para implantar su sistema basado en la rentabilidad de todo y absolutamente todo.

Ante este escenario sólo vale la unión, si nos quieren convertir en sus clientes nos negaremos a comprar sus productos (hay que producir alimentos locales para consumo local, hay que fomentar el trueque de todo tipo de bienes y servicios), el ciudadano concienciado debe unirse para hacer frente a esta estafa global, a un mundo creado para que unos pocos vivan a costa de todos los demás. El mundo que aparecerá cuando los medios de comunicación dejen de hablar de crisis será un mundo manco, cojo, enfermo, un mundo incompleto al borde del caos climático y ecológico. El mundo que quieren construir tendrá varias categorías delimitadas por la capacidad económica de sus habitantes, un mundo de reyes y siervos.

Es necesario invertir la tendencia, demostrarles que se equivocan con su estrategia, es hora de recordárselo y darles la espalda. Basta con vivir una vida de bajo impacto rica en sensaciones, limpiar el aire, el agua y los alimentos de veneno, basta con apostar por una vida más lógica sin la necesidad de consumir para demostrar ser alguien,  sin que nadie sea más que nadie y todos seamos necesarios en la misma proporción.

No es una utopía, es una necesaria ilusión.

2 pensamientos en “Contra la mentira de la crisis: solidaridad e ilusión

  1. Una muy buena reflexión. Dejémonos de escepticismos vanidosos y prejuiciosos que sólo juegan en nuestra contra. Han conseguido que nos creamos la desconfianza y que únicamente aceptemos la competitividad como modo de vida.

    No estamos solos los que clamamos por un cambio interior para hacer este mundo un poco mas habitable

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