El cambio necesario, nuestro cambio


Justo ahora en época de elecciones es cuando el ciudadano debe reflexionar acerca de su futuro. Si queremos que “esto cambie”, no podemos pensar que un partido o un hombre vendrán para sacarnos del agujero, nadie será tan providencial como para solucionar nuestros problemas de un día para otro, ni siquiera de un mandato a otro. El cambio, el verdadero cambio, lo debemos iniciar nosotros mismos, es decir, debemos cambiar nosotros para propiciar que cambie aquello que no nos gusta o que no queremos apoyar.

En el día a día hay muchas cuestiones que resolver, a veces, el panorama no es tan negro como lo pintan, o simplemente las soluciones son mucho más factibles de lo que podemos pensar. Por eso el ciudadano debe preocuparse por comprender el funcionamiento del mundo, cómo se articulan los mecanismos de la sociedad en la que vive. Debe exigir transparencia, información. Sólo es posible iniciar un cambio cuando uno sabe donde se encuentra. Hoy en día nos quieren convencer de que todo gira en torno a la economía, parece que el único problema al que nos enfrentamos es el índice bursátil, un cambio insignificante para arriba o para abajo se convierte en la noticia del día. Una mañana nos encontramos al borde del precipicio y otra hemos logrado atajar esa herida que nos iba a desangrar. El ciudadano vive en vilo permanente, poco a poco esas noticias le erosionan el ánimo, le van haciendo daño y lo van acorralando. No hay dinero, no circula el capital necesario para que se puedan abrir nuevos negocios y los que hay se ahogan por falta de crédito. Pero, nos hemos preguntado ¿qué se está haciendo para encarar un futuro tan incierto como el que nos presentan? ¿Qué papel podemos jugar para luchar contra todo este atropello mediático? Como simples ciudadanos ¿podemos hacer algo?

Los países se están vendiendo, son como empresas a la deriva cuya producción no les basta para sobrevivir. El grave problema es que quienes aparecen como candidatos a sustituir a los dirigentes políticos son empleados de los grandes grupos capitalistas cuyo objetivo, como buenos empresarios, es el beneficio económico ante todo. Pero ante la crisis ecológica y de recursos naturales del planeta, ¿cómo podemos imaginar a estos grupos financieros que sólo se interesan por lograr beneficios económicos al mando del mundo? La fórmula nos dirige sin remedio hacia la catástrofe.

Mientras que la crisis económica se ha convertido en el “monotema” de los medios de comunicación de todo el mundo, asuntos como el cambio climático han pasado al olvido. ¿Cómo puede ser que temas tan trascendentales como la crisis energética, el hambre, la escasez de tierras de cultivo, la erosión y el más que probable y ya casi inevitable desequilibrio climático pasen de repente al baúl de los recuerdos? Antes de la Cumbre Climática de Copenhague, la atención mediática se concentraba en el rumbo que iba a tomar el mundo. Esto fue todo. Después del fracaso, un asunto tan crucial para el futuro inmediato de tantos millones de personas pasó a mejor vida. Actualmente se ha pasado del escepticismo a la negación, ahora los medios de comunicación tratan el tema como algo secundario e incluso como un freno a la salida de la crisis. Definitivamente el mundo se ha vuelto loco.

Mientras el caos avanza, el debate político se entretiene contando el dinero que se ahorrará el país recortando presupuestos. Estos recortes afectan casi siempre a los más desfavorecidos de la sociedad. En Portugal el agua y la electricidad subieron de repente un 23%, los transportes públicos un 15%. Pero ¿alguien se cree que esto solucionará algo? No sería más adecuado modificar la movilidad de las ciudades para que cada año murieran menos personas debido a la contaminación. Sólo con que la concentración en el aire de partículas finas procedentes de los automóviles descendieran un 25%, se conseguiría un ahorro en tratamientos médicos y bajas laborales que superaría con creces las cantidades resultantes de las subidas de tarifas de servicios básicos y demás recortes al bienestar ciudadano. Entonces, ¿qué quieren conseguir presionando aún más al ciudadano que vive sumido en una angustia permanente?

Gane quien gane las elecciones del 20N en España, es muy posible que todo empeore. Además, el daño en muchos sectores puede ser irreversible. Cuanto más tarde el ciudadano de a pié en darse cuenta de que la solución pasa por un cambio de mentalidad propia, más difícil será iniciar el camino correcto.

Porque hay un camino que lleva a la concordia, porque es necesario acentuar la atención en las cosas que nos unen antes que en las que nos separan. Sólo una toma de conciencia global de toda la gente que se sabe estafada hará que todo esto comience a cambiar. Las emisiones de los países no son más que el conjunto de gestos que llevan a cabo a diario sus ciudadanos. La contaminación que nos mata es el resultado de acciones que llevan a cabo los ciudadanos o de aquellas empresas que venden sus productos por mucho impacto que su fabricación suponga. La torpeza de los políticos es en parte responsabilidad de quienes le otorgaron la confianza.

Sólo nos vale reflexionar. Ir a votar cada 4 años no es la solución. Pasar a la acción y comenzar a gestar el cambio es querer de verdad cambiar.

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