¿Seremos su mercancía?


Mientras las reuniones para salvar el clima mundial se suceden el hambre arrasa con fuerza varias regiones de este planeta, la Unión Europea acuerda que se patenten y graven las semillas, los transgénicos campan a sus anchas por la ancha España y los casos de corrupción salpican ya a todo el panorama nacional desde el último mono hasta la casa real. Los más desfavorecidos económicamente pagan los desperfectos causados por la orgía de los ricos. Y el mundo gira y gira sin parar…

La última cumbre sobre el cambio climático celebrada en la ciudad sudafricana de Durban fue el colmo de la tomadura de pelo a la que nos someten desde hace ya demasiado los responsables políticos de todo el mundo. Mientras los países emergentes (China e India) se sitúan a la cabeza de los más contaminantes y solicitan ayudas para dejar de serlo, los países ricos, máximos responsables de la catástrofe que anuncian los expertos, les niegan el pan y la sal. Por otro lado, el asunto del cuidado del medioambiente y la escasez de recursos ya pasó a mejor vida en los medios de comunicación: se ha pasado de catalogarlo como principal reto al que se enfrenta la humanidad a ser algo molesto y contrario al tan necesario crecimiento económico. La esquizofrenia informativa a la que nos someten a diario es ahora monocolor, sólo el dinero es noticia, manda el mercado, el resto puede esperar. ¿A qué estamos jugando?

Cuando se desmoronan todos los estados, el sector privado se frota las manos, no es pues demasiado inteligente suponer que tal desmoronamiento responde a una estrategia de los señores del poder. Mientras, las elecciones (en casi todos los países, pero especialmente en España) se convierten en un trámite en el que el ganador, al igual que los resultados de las cumbres por el clima, se conoce mucho antes de que se publiquen los resultados. El ciudadano vota para cambiar algo que no funciona y ese cambio profundiza aún más en la herida abierta del más desfavorecido. Portugal es el caso más ilustrador de estos cambios políticos cuyos efectos son los mismos que cuando añadimos agua al café. El poder adquisitivo del trabajador se diluye minuto a minuto, cumbre a cumbre, decreto a decreto. Los derechos laborales y la dignidad de quien ha consagrado su vida al trabajo y a pagar escrupulosamente todos los impuestos pasan de repente a la historia. Los transportes públicos suben, sube la factura de la luz, las autopistas, la comida, los impuestos sobre la vivienda, sube todo menos la moral de una sociedad que se levanta a diario mirando al suelo. La brecha entre ricos y pobres es cada minuto más amplia, el hombre más rico de la historia es contemporáneo nuestro. Ante esta pertinaz amenaza, ¿qué camino tomar?

Cooperativas de consumo, trueque, talleres de formación, comunidades, huertas colectivas, solidaridad, consumo responsable, boicot a empresas explotadoras, asambleas, lectura, escuchar, expresar opiniones, luchar.Las ideas van a fluir, sólo es necesario perder el miedo, nadie va a solucionar nada ni a representar a la mayoría. El futuro de la gente que no tiene nada que perder es desaparecer. Si no actuamos pronto cuando nos demos cuenta seremos pura mercancía con fecha de caducidad.

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