La fiesta acaba de empezar


Dice George Monbiot que se acabó el Peak Oil. Afirma el escritor británico en el diario The Guardian que, en contra de todas las predicciones de geólogos, banqueros, estrategas militares y ecologistas, los recursos petroleros no se acaban. Según él, no solamente no hemos agotado nuestra capacidad de extraer el oro negro del suelo sino que, gracias al reciente descubrimiento de ingentes cantidades del mismo encerradas en los yacimientos de roca de esquisto, estamos incluso logrando aumentar la producción. Así que podemos seguir consumiendo desaforadamente, yendo en coche a comprar tabaco y planeando escapadas de fin de semana en aviones de bajo coste. La fiesta no se ha acabado, Sr. Heinberg, la fiesta acaba de empezar.

Visto lo visto, parece que a los magnates del petróleo y a todos los que se están frotando las manos ante el descubrimiento se les olvida un pequeño detalle: este petróleo es mucho más difícil de extraer y el proceso que se requiere para ello resulta más contaminante que ninguno de los que se han utilizado hasta ahora. En efecto, durante la fracturación hidráulica o “fracking” se utilizan enormes cantidades de un cóctel químico absolutamente corrosivo (cóctel que acaba almacenándose en gigantescas balsas tóxicas al aire libre y, a veces, siendo derramado de forma accidental y contaminando los recursos hídricos locales). Además, esta aberración industrial libera el metano que permanecía encerrado en la roca de esquisto, un potentísimo gas de efecto invernadero cuyos efectos son muy temidos por los expertos. El proceso del fracking ya lleva años utilizándose en EEUU para extraer gas natural, y se pretende exportar al resto del mundo, entre otros lugares a Europa.

Fracking

Fotografía de J. Henry Fair, Industrial Scars

Pues bien: ahora que la comunidad científica por fin se ha puesto de acuerdo en afirmar que el hombre está modificando el mundo en el que vive y los sistemas naturales que lo sustentan; ahora que incluso se ha acuñado un nombre para denominar a la nueva era geológica que estamos viviendo, el Antropoceno, determinado por la actividad del hombre sobre la Tierra; precisamente ahora que la población mundial empieza a tomar conciencia de la importancia del cuidado del medio ambiente y a exigir que se respete su derecho a vivir en un mundo más limpio y seguro; ahora que sabemos que a nuestra sociedad no le queda más remedio que pisar el freno si no queremos estrellarnos contra el muro hacia el que nos dirigimos a toda velocidad; ahora, digo, resulta que nos encontramos con que el petróleo, el motor de nuestra economía y la energía en que se basa nuestra forma de vida del despilfarro y la contaminación sin límites, no solamente no se está acabando, como predijeron los defensores del Peak Oil, sino que aún se esconde en grandes cantidades en yacimientos difíciles de encontrar, sí, pero que ya han dejado de ser inaccesibles. Y este descubrimiento, señores, implica para muchos la muerte de la última esperanza de evitar lo inevitable, de que los límites físicos de los recursos naturales pongan freno al suicidio colectivo de la humanidad. Porque resulta que aquellos que sí podrían cambiar el destino de la Tierra, aquellos que toman las decisiones, eligen huir hacia delante y continuar ejerciendo este abuso contra la naturaleza y destrozando lo que ha sido el sustento de nuestra civilización.

¿Acaso no se dan cuenta de que ellos tampoco tendrán qué comer si ya no hay tierra donde cultivar sus alimentos? ¿Qué legado creerán que están dejando a sus hijos? La respuesta de los “neoecologistas” aún me deja con la boca abierta: “La tecnología encontrará la respuesta”. Una vez conocí a un chico que sonreía cuando le planteaba mis inquietudes sobre el cambio climático y la desaparición de las especies, y me contestaba hablándome de los agujeros negros y la futura capacidad del hombre para viajar a través de ellos y encontrar nuevos mundos donde habitar. Me pregunto si los magnates del petróleo y quienes están ya firmando los permisos de extracción cuentan con un plan B para sus hijos. Mientras tanto, podemos todos seguir celebrando, la fiesta no ha hecho más que empezar.

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