Lo que sabemos de esta crisis


Hace dos años leí un libro esclarecedor. Había visto un documental con el mismo título que me había puesto los pelos de punta y, poco después, en la librería de un aeropuerto, me topé con el ensayo en que se había inspirado la película, por lo que no pude resistirme a este guiño del destino y me decidí a comprarlo. Se trataba de La Doctrina del Shock, de la periodista canadiense Naomi Klein, también autora del revolucionario libro que pasó a considerarse “la biblia” del movimiento antiglobalización, No Logo. La Doctrina del Shock es un libro duro que enfrenta al lector a una realidad estremecedora y desarrolla una lógica aplastante: el sistema económico actual, la doctrina que nace de la mano de Milton Friedman y evoluciona con la llamada “escuela de chicago” hacia lo que hoy en día conocemos como economía neoliberal, que Klein denomina “capitalismo del desastre”, se basa en aprovechar situaciones catastróficas y el estado de shock de quienes las sufren para sacar provecho económico. Según informa Klein, las situaciones catastróficas de las que se nutre este capitalismo neoliberal pueden ocurrir de forma natural o ser provocadas por aquellos que van a aprovecharse de ellas, así como el estado de shock de quienes las sufren. Esta teoría lleva ya décadas aplicándose en distintos países (empezando por Chile, con su golpe de estado y posterior dictadura del terror y acabando por las inundaciones en Nueva Orleans, pasando por la infame guerra de Irak y el negocio que supuso para muchos). Lo más terrorífico es comprobar que la autora no inventa nada, que todas y cada una de las informaciones con que llena las más de 500 páginas del libro están perfectamente documentadas.

Así, a groso modo, estas afirmaciones encenderán una lucecita en la cabeza de más de uno y le harán plantearse una serie de preguntas como: ¿no es precisamente un estado de shock al que nos están sometiendo aquí en España los poderes políticos refrendados por los medios de comunicación? ¿No están aprovechando muchos el embobamiento y la incredulidad general para desfalcar nuestros bienes más preciados? ¿No supuso desde el principio la reciente Eurocopa y la consiguiente borrachera de éxito una herramienta de distracción para introducir al día siguiente unas medidas que habrían sido más difíciles de digerir en otras circunstancias? ¿Por qué se empeñan en castigarnos por un error que no hemos cometido, por qué quieren hacernos creer que la culpa de lo que está pasando es nuestra? ¿Qué sabemos realmente de esta crisis? Bueno, pues para empezar sabemos que nosotros no la hemos provocado. Sabemos que las medidas que en teoría se toman para solucionar nuestros problemas no hacen más que empeorarlos. Sabemos que se están llevando a cabo desfalcos al erario público y que nadie está pagando por ello. Y sabemos que el tiempo juega en nuestra contra.

Fotografía de Totally Cool Pics

Ante la maraña de desinformación y tergiversación a que nos enfrentamos cada día, los ciudadanos debemos buscar fuentes de información alternativas, mantenernos alerta ante lo que se nos está contando y saber extraer la verdad entre todo ello. Finalizaba Naomi Klein su libro con una nota positiva explicando que también el shock tiene su límite, que llega un momento en que las comunidades y las personas que las integran se hacen resistentes al shock, son capaces de salir de la parálisis y pueden reaccionar ante los abusos y expolios. Paradójicamente, uno de los ejemplos de resistencia al shock que mencionaba es España, con su guerra civil y sus posteriores cuarenta años de dictadura. Las imágenes de los mineros y todos los que se les unieron en las calles de Madrid, las manifestaciones en toda España, las redes de comunicación e información alternativas, las actuaciones en grupo para ayudar a los más desfavorecidos y enfrentarse a los poderosos son claras muestras de que algo nuevo y esperanzador está germinando. Solamente hace falta que nos unamos todos para ser más fuertes. Entendamos nuestra fuerza, hagamos valer nuestra experiencia y aprendamos de los errores: es hora de apagar el televisor, salir del estado de shock y defender nuestros derechos en la calle.

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