Por el agua, contra el fracking


A la industria del gas en EEUU le ha caído la gorda. Todo empezó en el año 2010 con Gasland, un largometraje realizado por el director Josh Fox, que decidió filmar lo que estaba ocurriendo en Pennsylvania, donde la industria del gas llevaba años extrayendo este recurso no renovable mediante la técnica del fracking. La película, que revelaba los efectos secundarios que estaban sufriendo los habitantes de la zona debido a la extracción de gas natural mediante este método no convencional (nuevas enfermedades de niños y ganado, contaminación de las aguas y del aire, muerte de la fauna y flora…) tuvo una enorme repercusión mediática debido, entre muchos otros motivos, a la imagen que mostraba de un ciudadano prendiendo fuego al agua que salía de su grifo. El agua, un bien tan básico y tan necesario, fue el catalizador de la reacción del espectador, el que logró que la audiencia se pusiera en la piel de aquel hombre que, como ocurre en África, tendría que recorrer a saber cuántos kilómetros para poder adquirir el agua que consume y utiliza para la higiene personal y del hogar. Quienes durante este verano de inaudita sequía han sufrido restricciones y cortes del suministro de agua en sus casas sabrán lo que esto significa, aunque sea a pequeña escala.

Promised Land Este miedo a quedarse sin agua fue el propulsor de una rebelión contra lo que estaba resultando una invasión silenciosa de los pozos y perforaciones en todo EEUU. Gracias al documental de Josh Fox, el público llegó a conocer y alzar la voz contra lo que representan las nuevas y modernas técnicas de extracción de un gas residente en una roca que, además, contiene materiales radioactivos. La poderosa industria del gas, por supuesto, está maquillando los desastres como “accidentes naturales” e invirtiendo enormes sumas de dinero en una publicidad que promete no solamente nuevos puestos de trabajo, sino también la ansiada independencia energética del país. La nueva fiebre del oro quiere en esta ocasión acaparar las reservas de un gas que solamente puede extraerse destruyendo el paisaje, contaminando las aguas y corriendo un enorme riesgo de provocar escapes de gases explosivos y materiales tóxicos y radioactivos, y lo hace desacreditando a quienes, con datos científicos en la mano, se atreven a contrariar sus posiciones.

En Europa, donde también se ha extendido la alarma ante la frenética actividad prospectiva de la industria, algunas páginas web como Frack Off en el Reino Unido o Fractura Hidráulica No en España alertan del peligro e informan sobre las posibilidades de introducción de estos métodos en sus territorios.

Pues bien, ahora, además de la segunda parte de Gasland, que está a punto ser lanzada por su director, parece que también la industria de Hollywood se ha unido a la crítica contra la práctica de la fracturación hidráulica: Matt Damon ha sido el último famoso en unirse a la lista de detractores de la industria del fracking, sumándose a los ya militantes contra este proceso de extracción de gas natural, entre los que se encuentran Robert Redford, Debra Winger, Darryl Hannah y Mark Ruffallo, entre muchos otros. La nueva película de Hollywood, cuyo guión fue escrito por el propio Matt Damon en colaboración con John Krasinski, está dirigida por Gus Van Sant (“El Indomable Will Hunting”) y se llama Promised Land (La Tierra Prometida). En ella, Matt Damon encarna a un comercial de la industria del gas natural que intenta convencer a los agricultores y ganaderos de una pequeña comunidad rural de que vendan sus tierras a la empresa para la que trabaja. John Krasinski representa el papel de un granjero que no está dispuesto a dejarse convencer tan fácilmente y, aunque de momento nadie ha visto la película, que se estrenará el 28 de diciembre en EEUU, el argumento del autodenominado “ecologista” Matt Damon promete controversia.

Decía Bill McKibben en un artículo publicado en agosto en la revista Rolling Stone que el problema del cambio climático es que son los propios beneficiarios de la quema de combustibles fósiles los que tienen que luchar contra su extracción y utilización. En el caso del fracking, resulta que sus potenciales beneficiarios son también consumidores de un bien escaso e insustituible, el agua. El hecho de que la extracción de gas natural mediante la técnica de fractruación hidráulica conlleve un elevado riesgo para los recursos hídricos pone a cada uno de los dos elementos, el gas y el agua, a un lado de la balanza de la opinión pública. De momento nadie ha visto Promised Land, que se estrenará el 28 de diciembre en EEUU. Pero, si se confirman las sospechas de la industria del gas, que no ha perdido ni un segundo en arremeter contra la película con toda su maquinaria publicitaria, el largometraje promete ser un nuevo ataque a la industria que tal vez incline de forma definitiva la balanza hacia el lado del agua.

Un pensamiento en “Por el agua, contra el fracking

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