Por los derechos de los animales


Los animales no son máquinas. Los animales son seres con capacidad para sentir, sufrir y disfrutar de la vida y quienes gozamos de la compañía de animales en casa sabemos que nuestros amigos de cuatro patas son seres inteligentes con capacidad no solamente de sentir tristeza y alegría, sino de experimentar sentimientos más complejos como la culpabilidad o la empatía. Sin embargo, muchas veces no somos capaces de trasladar ese conocimiento sobre los animales a aquellos de los que nos alimentamos y con los que nos vestimos. ¿Por qué nos escandalizamos cuando descubrimos que se están utilizando perros y gatos en las granjas para peletería del otro lado del mundo y no le damos importancia a las naves industriales llenas de cerdos o gallinas que tenemos a la vuelta de la esquina? También en ellas se practica una crueldad intolerable y nosotros acabamos consumiendo sus productos y apoyando sus bárbaras prácticas con nuestro dinero. ¿Por qué no somos capaces de trasladar la compasión que sentimos por ciertas especies a todas las demás, en especial a aquellas de las que el hombre abusa y que utiliza sin clemencia para su propio beneficio? ¿Por qué los animales, como seres dotados de sentimientos, no tienen derecho a la libertad y a la vida?

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“¿Por qué amar a uno y comerse al otro?” Mercy for Animals

Estas y otras muchas son las reflexiones en las que se fundamentan las organizaciones que luchan por los derechos de los animales. Estas organizaciones llevan a cabo una importante labor de divulgación y de información sobre una realidad que se nos quiere ocultar y cuyo conocimiento no deja al consumidor indiferente. Los integrantes de las organizaciones de lucha por los derechos de los animales se infiltran en granjas, laboratorios y mataderos para mostrarnos mediante sus cámaras ocultas la otra cara de nuestra vida cotidiana, lo que no sabemos sobre el origen de los productos que consumimos a diario. Cuando estos vídeos salen a la luz, la reacción de los consumidores no se hace esperar y las ventas de las empresas responsables de los abusos caen en picado y sufren importantes reversos. A menudo estas grabaciones también han servido para enjuiciar y castigar a quienes están cometiendo maltrato contra los animales.

Pero los grandes grupos de la industria alimentaria también cuentan con una herramienta para imponer sus reglas en el mercado: los grupos de presión, también llamados lobbies, se encargan de presionar a los legisladores para que estos aprueben leyes y reglamentos que jueguen en favor de la industria. En EEUU, la maquinaria de presión ya se ha puesto en movimiento para evitar que la importante labor de los pequeños activistas por los derechos de los animales vea la luz. Para empezar, en varios estados ahora mismo se están aprobando las denominadas “Ag-gag”, unas leyes que pretenden prohibir y criminalizar las filmaciones de los grupos de defensa de los animales. Estas nuevas leyes, que tienen por objeto mantener al consumidor en la más completa ignorancia sobre lo que ocurre en la cría industrial, constituyen todo un atentado contra el derecho a saber de los consumidores. El ciudadano tiene el derecho de conocer si, al comprar sus alimentos, sus ropas o sus cosméticos, está colaborando con la explotación, la tortura y el exterminio de cientos de miles de seres inocentes.

A cualquiera que haya visionado alguno de los muchos vídeos grabados de forma clandestina en estos lugares del horror, los métodos de explotación de los animales no dejarán de recordarle a la maquinaria destructiva de los nazis. La industrialización y la sistematización del dolor que tienen lugar en laboratorios, granjas y mataderos, el terror de las criaturas encerradas en ellos y el olor a muerte no pueden dejar indiferente a nadie que haya visitado estos lugares, aunque sea tan sólo durante unos minutos. Estoy segura de que, en un futuro, echaremos la vista atrás y veremos los laboratorios, las granjas y los mataderos con el mismo horror con que hoy visitamos los campos de concentración y exterminio nazis. Hasta entonces, queda un largo camino por recorrer. Las granjas industriales se están expandiendo por el mundo como una plaga y las grandes multinacionales del sector seguramente intentarán trasladar estas nuevas leyes estadounidenses a los países donde operan. Los gobernantes y las organizaciones que luchan por los derechos de los animales deberían mantenerse alerta ante esta amenaza contra la moral y el interés general.

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Un pensamiento en “Por los derechos de los animales

  1. Hola Silvia! No he podido localizar ningún e-mail en el blog para contactarte. Solo era para darte la enhorabuena por el blog, he llegado por casualidad y me encanta, es genial encontrarse de vez en cuando con gente que tiene las mismas ideas o pensamientos.
    He leído varias entradas y hay algunas que me dejan “tocado”, pensando en todo lo que las personas le estamos haciendo al planeta en general…
    Intento ser cada vez más ecológico y respetuoso con el medio, y concienciar a la gente que me rodea en que tenemos que hacer algo, pero acabo cansándome; es agotador.
    Al final, tengo la impresión de que todo lo que estamos intentando hacer no servirá para nada, hay demasiado deterioro y cada vez vamos a más. Pero hay que seguir intentándolo.
    Lo dicho, me encanta el blog y ánimo para seguir así.
    Un saludo.

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