Cultura y salud: mismos alimentos


cultura y salud

Los alimentos que encontramos en los supermercados son cada vez más peligrosos. Si uno come manzanas con pesticidas y bañadas en ese barniz que las abrillanta para que no desfallezcan durante una semana, quizá el cuerpo sepa asimilar esa química y no deje muchas secuelas. Si combinamos esas manzanas con filetes de pollo tratados con antibióticos (el 90% del pollo que se encuentra en los super) y con los restos de analgésicos de la carne roja y los embutidos, el asunto se complica. Si acostumbramos a comer durante todo el año productos industriales debido a que son más baratos, estamos exponiendo nuestro organismo a un coctel de imprevisibles efectos. No es ninguna exageración, está comprobado que más de la mitad de enfermedades que se padecen están causadas por la alimentación, por los aditivos químicos que ingerimos sin saberlo, por la mala calidad de muchos productos.

No valoramos seriamente de dónde venimos y adónde vamos, nos provocan el olvido, la ambigüedad. Estamos perdiendo los mercados de plaza, la agricultura de proximidad, de supervivencia, los productos caseros elaborados con materia prima casera y local. Al igual que ocurre con la cultura, nuestra alimentación responde a los vaivenes de los mercados, de la especulación. Nos alimentamos con lo que quieren que nos alimentemos. Estamos desperdiciando nuestra salud por creer que ahorramos algo de dinero cuando es mentira. Lo poco que se pueda ahorrar comprando comida industrial en el super se pierde en la farmacia, en la multitud de artículos innecesarios que se compran incitados por la publicidad constante y machacante de televisiones, radios y periódicos.

La salud es la base para ganar la libertad, la salud física y mental. La alimentación de calidad y la cultura accesible y popular son dos pilares básicos en la formación del ciudadano. Sin embargo, los estamos perdiendo, hay un virus que se está comiendo los cimientos en los que se apoya la libertad de las pesonas. Hay que recuperar la soberanía alimentaria y la identidad cultural. La cultura que nos venden no es nuestra, se ocultan unas tradiciones para sustituirlas por otras que no son más que negocios inventados muy lejos de aquí. Se machaca al ciudadano con noticias que sólo buscan modificar su comportamiento para convertirlo en cliente, en consumidor de sus productos. No se incita a la reflexión, a la búsqueda de soluciones. Salvo periódicos deportivos casi nadie lee nada. El precio de la cultura cada día aumenta más, se cierran cines, bibliotecas, teatros y demás lugares por los que fluía la cultura.

Lo que ocurre con la cultura es muy similar a lo que ocurre con la alimentación: el supermercado de bajo coste alemán (los hay también españoles) sería el equivalente a los programas basura de televisión, a las revistas de cotilleo, a los persistentes diarios de fútbol. Recuperar la cultura popular, acercarla a la gente es como recuperar los mercados locales, los huertos y los productos caseros. Está en juego el futuro. Basta darse cuenta y comenzar a caminar por la senda adecuada, mirando siempre al frente con esperanza e ilusión. Basta mirar un poco atrás para percibir que nos están engañando.

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