El futuro es compartir o el abismo


Cuando aparecen los problemas, lo más lógico es buscar soluciones y desarrollar estrategias para que las mismas causas no vuelvan a propiciar la aparición de los mismos problemas. Si se pretende vencer una crisis potenciando los valores y las prácticas con las que se ha llegado a ella, lo normal es que se estrangule el sistema y se agraven las situaciones desagradables que el mismo genera. En la actual situación de España se observan anomalías evidentes que muestran por qué ahora es necesario cambiar de forma radical los métodos y las prácticas políticas, económicas y sociales. Esto no quiere decir que en otros países no ocurra algo similar, sólo que los síntomas son diferentes. España ha dilapidado su costa, ha arruinado su agricultura, está dejando morir su patrimonio cultural y en general no ha sabido jugar al juego que le hubiera convenido ni utilizar las cartas que le hacían fuerte. Uno debe apostar por sus virtudes, potenciarlas, no querer imitar a otros contendientes mucho más fuertes en unos campos en los que será imposible competir con ellos. El fuerte impacto del consumo masivo de bienes y servicios ha llevado al país a una situación que requerirá un cambio radical de mentalidad para reconducir la sociedad. La economía debe volver a sus raíces: la agricultura, el turismo de calidad, la investigación (con los pocos medios que cuenta, el país siempre ha generado excelentes talentos en muchos sectores científicos) y una forma de vida de bajo impacto basada en la colaboración y la solidaridad.

Fotografía de Pep Cortés

Fotografía de Pep Cortés

Lo que está por venir no es ni debe ser peor que lo que ya ha pasado. Rebajar el impacto del modo de vida no debe ser equivalente a disminuir el bienestar. Se puede lograr una sociedad mucho más humana y sensible con los problemas rebajando el impacto de su forma de vida. El carácter de los españoles es una ventaja que poseemos y que hay que aprovechar. Ninguna nación tiene una población más solidaria que la española. El cambio debe ser algo cultural, no se debe primar la posesión de bienes, sino su aprovechamiento. Esa mentalidad absurda del “tanto tienes, tanto vales” debe erradicarse completamente. El engaño del consumismo nos lleva a la catástrofe económica y social.

Esta transición debe ser económica y social. No se debe desatender a los más débiles. Al contrario, se les debe proporcionar los medios necesarios para que vuelvan a contar con fuerza en la sociedad. Todos los ciudadanos son importantes. Compartir lo que ya se tiene evita tener que consumir enormes cantidades de energía para fabricar nuevos productos. Potenciar la agricultura ecológica y crear redes de turismo de calidad es ganar directamente el futuro. Pocos países tienen en su territorio las tierras fértiles que hay en España. Y lo que es aún más importante: pocos países cuentan con el talento y la sabiduría agrícola que España acredita y que es el fruto de una larga tradición.

Las energías renovables deben ser el complemento perfecto de una rigurosa optimización de los recursos. Antes de instalar ningún sistema de calefacción, por muy limpio que este sea, se debe aislar perfectamente el edificio. El uso de materias primas autóctonas evita tener que importar. Un buen plan de aislamiento térmico de edificios y hogares utilizando materiales propios en la medida de lo posible supondría la creación de muchos empleos. El reverdecimiento de la economía es algo imprescindible para luchar contra el cambio climático. Esta es la mejor alternativa para un cambio que ya casi nadie niega. El ciudadano se va a ir dando cuenta progresivamente de que venimos de una época de errores. Nos han querido convertir en simples clientes esclavos de unos bienes fabricados fuera. Recuperar la autoestima como país pasa por recuperar los valores culturales y económicos propios. Lo contrario es vivir según unos cánones que pertenecen a otras sociedades. El futuro más inmediato pasa por compartir y crear nuevos espacios de colaboración que ayuden a los más débiles. Es el futuro, está en nuestras manos, no podemos dejar pasar la oportunidad.

La pasividad y el conformismo, que más que una forma de inactividad es pura cobardía, nos ahogarán definitivamente y nos extirparán las raíces auténticas que hemos perdido de vista abrumados por un consumismo ficticio y por una narcotizante forma de vida.

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