El escenario cambia actuando


El medio ambiente y la situación del planeta son dos asuntos que cada día preocupan a más ciudadanos en todo el mundo. Hoy en día ya no es cuestión de ver qué planeta dejamos a las generaciones futuras, la amenaza del cambio climático y la degradación sin freno de los recursos naturales se están percibiendo cada vez como algo más cercano y que probablemente nos afecte en nuestra cotidianidad mucho antes de lo que en principio creíamos. No se trata de una paranoia ni de castigar a nadie por llevar una vida cuyos hábitos suman y suman en la cuenta de los problemas. El cambio climático nos está afectando ya mismo de muy diferentes formas y la tendencia que sigue no es nada tranquilizadora.

El ciudadano debe actuar para que el escenario cambie

Pero no sólo hay que centrarse en los ya inevitables efectos que vamos a tener que sufrir, los hábitos de vida que inculcan las sociedades, sobre todo las occidentales, basados en el consumo y en la economía (el ciudadano queda relegado a simple cliente), nos están generando una serie de problemas de salud pública que se están cobrando muchas víctimas y que causarán daños económicos y sociales de gran magnitud.

Varias encuestas han demostrado que aumenta el número de ciudadanos europeos cuyo principal problema ya no es el paro ni el terrorismo, si no el medio ambiente y los problemas que el fenómeno del cambio climático les va a crear durante su existencia. Si es verdad que nunca hemos tenido tanta información sobre las causas que han propiciado esta situación, también es verdad que existen muchas fuerzas y muy poderosas en el ámbito mediático que presionan en sentido contrario para que todo siga igual, para que puedan seguir haciendo negocios de la forma habitual pese a que está demostrado que dañan el planeta, agotan los recursos y generan mucha más pobreza que riqueza. Porque la actividad humana es la principal responsable de la contaminación que nos lleva al abismo, de la pérdida alarmante de biodiversidad, de los efectos que ya son inevitables y de los que, de no detener ciertas prácticas, nos van a hacer la vida mucho más difícil (los expertos han demostrado que la pasividad nos saldrá mucho más cara).

El ciudadano tiene que formar parte activa del cambio. Sería muy importante que cada vez fueran más quienes se plantean el consumo como una forma de activismo, como la expresión de sus ideas y forma de ver el mundo. El transporte y el abuso de las condiciones laborales en las que se producen muchos bienes de consumo que encontramos en el mercado son dos “pilares” del problema de la contaminación. Hay que preguntarse por qué la comida y muchos productos resultan tan baratos, cómo es posible que se vendan peras de Argentina y vino de Australia en un país de tradición agrícola. Hay muchos detalles que determinan el valor de elegir un producto. Si los mares están repletos de plásticos, ¿por qué no salimos a comprar con bolsas de tela y olvidamos la pesadilla de un material, el plástico, que nació como amigo y es hoy en día una de las peores pesadillas para la naturaleza?

Si por una parte somos cuidadosos y tratamos de llevar una vida lo más sostenible posible, si privilegiamos el producto local, el comercio de proximidad, los productos ecológicos y un largo etcétera de hábitos que colaboran a lograr un mundo mejor, ¿no deberíamos preguntarnos qué hace nuestro banco con el resultado de nuestro esfuerzo (nos esforzamos en trabajar y le ofrecemos el fruto a los bancos)? Porque es seguro que las inversiones que la gran mayoría de bancos llevan a cabo con nuestro dinero tienen como resultado efectos dañinos para el medio ambiente, la salud pública y social. El ahorro es una gran fuente de problemas y de soluciones. Apoyar con nuestro consumo responsable una economía local implica también cambiar de banco, no dejarse engañar por una forma de hacer negocios que nos ha llevado a donde estamos. Es palpable que resulta muy complejo abrir bancos éticos en un país donde gobiernan los bancos sin ética. No obstante, existen opciones y existirán en breve muchas más para que quien así lo desee, pueda conciliar el ahorro con sus ideas.

Cada vez somos más los ciudadanos concienciados con el problema medio ambiental, conocemos los focos de donde proviene el mal, sabemos que existen los grupos de presión que modelan la realidad según les convenga a sus amos, somos conscientes que la clase política no son más que empleados de las grandes corporaciones y que no están a nuestro servicio. Por lo tanto el siguiente paso es actuar, cristalizar las ideas en hechos, situarnos definitivamente en el lado de la solución. Somos en parte culpables, pero nuestra culpa se debe a un engaño; tenemos en nuestras manos bastantes más soluciones y mucho más contundentes de lo que algunos temen.

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