La contaminación no espera


Muchos esperamos que ante la evidencia, los responsables reaccionen y se comiencen a tomar las medidas necesarias para contrarestar los errores cometidos hasta ahora. Las evidencias son palpables y la urgencia es cada día que pasa más aguda. Ocurre que pasa el tiempo y mientras el estado del planeta y de los recursos naturales se degrada día a día, las medidas que cada vez mayor número de expertos aconsejan, no se ponen en práctica. Los datos están ahí, sólo basta querer informarse para lograr hacerse una idea de la tarea que se le avecina a la humanidad: el mayor reto al que se va a enfrentar en toda su historia.

El cambio climático es el mayor reto al que se enfrenta la humanidad

El cambio climático está aquí, entre nosotros, nos muestra sus colmillos cada día en cada rincón del planeta. Los efectos de este fenómeno creado por la actividad humana son ya imparables. Afortunadamente aún se puede hacer algo, sobre todo en lo referente a la adaptación y adecuación de los pueblos ante los problemas que acontecerán. Primero asegurarse de que saldremos adelante y después comenzar a fusionar la forma de vida que llevamos con la vida que le damos al planeta. No podemos seguir dañándo nuestro hábitat y poniendo en serio riesgo nuestro futuro por defecto. Por el contrario, debemos adoptar un cambio, una forma de vida de bajo impacto para frenar el calentamiento global y dar un respiro a las generaciones futuras. Lo que nos ha traído hasta aquí es una forma de vida basada en la quema de combustibles fósiles, una forma de producir basada en los beneficios económicos y en el éxito empresarial y un consumismo inconsciente y programado que nunca se sacia. Como consumidores, los ciudadanos deben ser conscientes de esto y aportar cada uno su granito de arena. Es sencillo, hay que llevar un ritmo de vida placentero que busque la plenitud de otra forma, algo más humana y por lo tanto espiritual. No hay que cambiar mucho, basta un poquito cada uno para que los resultados sean grandiosos. Basta con saber y conocer lo que se consume, cómo y dónde se produce, quién es el que lo elabora. La vida no se puede resumir en un anuncio de televisión, es mucho más poderosa y amplia, mucho más simple y profunda.

Este año que comienza nos traerá otra Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente (París) que seguramente nos depare otra decepción, veremos a ejecutivos bien uniformados y sonrientes que viajan a la cita para defender los intereses particulares de sus países sin tener en cuenta que la contaminación no conoce fronteras y que el cambio climático es un fenómeno global. Así los países más pobres culparán a los ricos de haber contaminado durante muchos años y los ricos recriminarán a los más pobres el alto nivel de emisiones actuales y los procesos productivos anticuados y contaminantes que utilizan. Los titulares del día siguiente anunciarán medidas que con mucha suerte entrarán en vigor años después. Se explicará a la gente, con viejos argumentos; que se puede seguir creciendo sin dañar al planeta, que el hombre y su ciencia aportarán la solución, que no hay que ser alarmistas. La economía vencerá y el planeta seguirá degradándose al mismo tiempo que la salud de las personas. El futuro de los más jóvenes se cubrirá de incertidumbre.

Y al día siguiente la vida continuará, los supermercados, sabedores del poco dinero que corre por los bolsillos de la gente, seguirán abarrotando sus estantes con productos de bajo coste provenientes del otro lado del planeta, comprados a productores cada día más al límite. Muchos gobiernos, temerosos de que aumente la cifra de parados, seguirán subvencionando la compra de coches nuevos. La vida seguirá como si nada ocurriera y abrazará su esquizofrénica realidad.

El precio de querer seguir viviendo como lo hemos estado haciendo en los últimos años, de seguir valorando ciertas prácticas y haciendo la vista gorda con las que no nos favorecen, será muy difícil de pagar. Sólo la adaptación a los efectos previstos y que ya son inevitables se llevará grandes pellizcos de los presupuestos de las naciones, la pasividad resultará mucho más cara.

Mientras el hombre espera, la contaminación bate records de densidad en las principales ciudades de casi todo el mundo, el hambre extiende su sombra sobre muchas poblaciones que pierden sus tierras ; la inseguridad alimentaria se comienza a palpar en lugares cada vez más cercanos, las injusticias sociales y la pobreza tampoco esperan. No es tiempo de esperar si no de actuar, cada uno como individuo y como conciudadano debe aportar lo que crea necesario en medida de sus posibilidades, todos debemos presionar a los gobiernos y empresas mediante nuestra actitud ante la vida, para lograr iniciar el camino de la solución y apartarnos de un problema que amenaza con engullirnos.

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